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El hombre kitsch

Jeff Koons es uno de los autores vivos más cotizados y también más polémicos. Con los años sus creaciones han derivado hacia el monumentalismo, como en el caso de Puppy, el perro gigante que preside la entrada del Museo Guggenheim Bilbao.

Aunque parezca extraño, este artista multifacético trabajó como corredor de bolsa en Wall Street, no sin antes haber estudiado pintura en el Instituto de Arte de Chicago y recibirse como licenciado en Bellas Artes en el Maryland Institute College of Art (MICA) en 1976.

En 1980 realizó la instalación The New en el New Museum of Contemporary Art de Nueva York, en la que aparece una muestra de sus después conocidas aspiradoras, junto a otros utensilios domésticos. Sus primeras exposiciones de dibujos fueron la tienda de muebles de su padre en Pensilvania, donde nació en 1955. Posteriormente, se trasladó a Chicago para proseguir sus estudios de arte y su amistad con algunos artistas de Nueva York, como David Salle y Julian Schnabel, gracias a los que conoció a la galerista Mary Boone.

Entre 1985 y 1992, la obra de Koons pasó por su etapa más prolífica, consistente en las esculturas metálicas, tales como Luxury and Degradation, Statuary, Banility, etc. Con ellas entró de lleno en el mundo del marketing y la publicidad, haciendo varios anuncios para algunas marcas de bebidas alcohólicas, y también unas pequeñas esculturas de acero inoxidable, a modo de recipientes para guardar las bebidas, por ejemplo Jim Beam—J. W. Turner Train, rellena de bourbon.

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Según el propio artista, en este trabajo «el arte deja el ámbito del artista y este pierde el control». Algunas de las piezas de este periodo de su obra representan diferentes etapas del arte del oeste europeo y simbolizan diferentes aspectos tales como el poder y la fantasía.

Su gusto por lo kitsch queda patente tanto en los materiales (madera policromada, cristal, porcelana) como en los motivos, destacando de entre todos los demás la escultura Michael Jackson and Bubbles.
En 1992 creó una de sus obras más conocidas, Puppy, para exponerla en el exterior del castillo de Arolsen en Alemania, y que luego viajaría hasta Sidney y París, para establecerse definitivamente en Bilbao, en el museo Guggenheim, con motivo de su inauguración en 1997.

Su línea argumental está basada en la exaltación de todo lo superfluo, la locura consumista que ensalza cualquier cosa que sea difundida por los medios. Y de ellos se sirve, sin ninguna duda, para conseguir éxito y extender su trabajo, un trabajo que utiliza cualquier objeto cotidiano sin ningún valor y lo presenta de una forma cómica y satírica. Entre sus motivos hay, tanto muñecos hinchables, como chicas pin-up, enmarcado todo, para algunos entendidos, en un tipo de arte minimalista y pop.