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La otra belleza

Ana Alvarez-Errecalde nació en Bahía Blanca en 1973 y actualmente reside en  Barcelona. Además de fotógrafa y artista videográfica, es madre de tres hijos y su obra ofrece una visión original sobre temas tan usuales y significativos como el nacimiento, la maternidad, la enfermedad o la muerte. Esta entrevista que brindó de forma exclusiva a Deck nos permite conocerla un poco más en profundidad.

Cuando finalizó el colegio secundario, Ana Alvarez-Errecalde partió hacia Buenos Aires a estudiar cine en el Centro de Experimentación y Realización Cinematográfica del INCAA, donde obtuvo una beca que le permitió viajar a New York para realizar cortometrajes. Inicialmente, sus trabajos se centraron en la producción documental y  la televisión, hasta que por una situación inesperada durante su primer embarazo descubrió que la fotografía le permitía canalizar todos sus sentimientos y emociones.

Su obra artística incluye fotografía, video e instalaciones y busca expresar una imagen diferente de la que, en general, se muestra de las mujeres. Tal vez el ejemplo más significativo de esto, teniendo en cuenta el impacto que ha generado, es la foto del nacimiento de su hija. Un autorretrato que muestra la llegada de la bebé al mundo de una manera no tradicional, despegándose del imaginario maternal que nos impone nuestra cultura.

Como esta es una revista de Bahía Blanca nos gustaría empezar por ahí, por tu lugar de origen, ¿qué recuerdos tenés de la ciudad?, ¿seguís ligada de alguna manera a Bahía?

Viví en Bahía hasta que terminé el secundario en la escuela de Agricultura y Ganadería. Me encantaba el campo en el sentido romántico y contemplativo y la escuela era maravillosa por el grupo de gente que la hacía. Así como asistir a la primaria y al ciclo básico fue para mi tedioso y sin sentido, los últimos tres años marcaron una etapa de amistad, libertad, risas y aprendizaje práctico, convivencial y estrechamente ligado a la experiencia. Fue una buena despedida a la adolescencia y una forma de iniciar la adultez con cierto desparpajo.

Recuerdo la ciudad estructurada, formal, gris y ventosa pero con bocanadas de frescura que generalmente aportaban sus artistas y, a nivel personal, mis afectos. Parte de mi familia sigue viviendo en Bahía, por lo que intento llegar a la ciudad cada vez que puedo.

¿Cómo fueron tus inicios en el mundo del arte?¿Qué nos podés contar de las primeras experiencias en Buenos Aires y de tu viaje a Nueva York?

Mis padres me llevaban al teatro, al cine, a conciertos, a exposiciones y charlas. He aprendido a disfrutar del arte desde niña. En Bahía estudié música, participé en talleres literarios y en un taller de cine que organizaba Edgardo Cabeza.

Cuando fui a Buenos Aires quedé desencantada porque en aquel momento la escuela de Cine donde estudié (el Centro de Experimentación y Realización Cinematográfica del INCAA) no contaba con medios y la formación era principalmente teórica.

Empecé a trabajar en televisión y esa experiencia me aportó mucho a nivel práctico pero evidentemente la temática no tenía ninguna relación con lo que a mí me interesaba. Surgió la posibilidad de ir a Nueva York y conseguí una beca para participar de una institución que apoyaba la producción de cortometrajes independientes. No lo dudé y me fui con 21 años y 500 dólares. Fue una etapa difícil y enormemente enriquecedora. No me cabe duda que la mejor escuela siempre es la vida.

¿Cómo se conecta la llegada de tu primer hijo con la fotografía?  ¿Qué descubriste que querías mostrar/decir a través de ella?

Mi primer hijo nació con una situación neurológica congénita compleja. Su esperanza de vida eran dos años aunque ya está por cumplir los quince. Cuando estaba embarazada sabía que quería dedicarle mi tiempo y pasar unos cuántos meses con él, pero cuando recibimos la sentencia de su diagnóstico supe que no querría separarme, porque las prioridades cambian cuando te dicen que la vida de tu hijo será tan breve.

La fotografía me permitió canalizar los sentimientos y emociones que vivía, en una época de miedos, aislación y soledad. Empecé a realizar retratos de mi niño y autorretratos, básicamente porque no tenía más para fotografiar. Estaba en un país ajeno, donde la gran mayoría de mis amistades no habían pasado por la experiencia de maternidad/paternidad y era difícil que empatizaran con lo que yo estaba viviendo. La fotografía me permitió ver la belleza de mi hijo más allá de los miedos e inseguridades que su situación planteaba.

Contanos acerca de tu trabajo “El nacimiento de mi hija”, desde que surgió la idea hasta las repercusiones que tuvo. ¿Marcó un antes y un después en tu obra?

Las fotos de “El Nacimiento de mi Hija” fueron como un hechizo. Durante el embarazo, cada noche antes de dormir tenía en la cabeza la imagen de estar de pie unida a mi bebé por el cordón umbilical. Planeaba un nuevo parto en casa y decidí preparar el fondo y el trípode para hacer la foto tal cuál la imaginaba si se presentaba la oportunidad.

El parto fue maravilloso, lúcido, intenso, feliz, poderoso y pude hacer estos autorretratos que constatan la experiencia.

En contraposición a lo que tantas maternidades retratadas a lo largo de la historia del arte y de la cinematografía nos enseñaron, pude reflejar una maternidad mamífera, no virginal, no subordinada al control médico representado en la bata verde o en la pulsera hospitalaria, sino una maternidad autónoma, libre, plena, transformadora. 
Éste díptico no marcó un antes y un después en mi obra, sino que ha sido consecuencia de todo lo que yo ya venía viviendo y representando en mi trabajo. Tal vez la diferencia fue que cuando hice las fotografías no había tenido la intención de mostrarlas. Sólo me interesaba plasmar las imágenes que por meses había tenido en mi cabeza. Sin embargo, al salir del laboratorio con los contactos (en el 2005 aún fotografiaba de forma analógica) sentí la necesidad de compartirlas.

Quise dejar claro que si yo había tenido una experiencia de parto gozoso, también podía ser la experiencia de muchísimas otras mujeres a quienes demasiadas veces un sistema corrupto infantiliza, culpabiliza y somete.

Me pareció que era imprescindible agregar mis imágenes al reducido imaginario maternal que tenemos en nuestra cultura. Es importante que se sepa que se puede parir con placer, sin temor a la sangre y sin miedo a la vida. Es importante que se pueda contemplar un embarazo y un parto como un proceso fisiológico y no patológico desde su inicio.

¿Qué opina tu hija sobre esas fotos?

A mis hijos les gusta ver las fotos de sus nacimientos y escuchar sobre cómo llegaron al mundo. Saben que fueron deseados y que cada nacimiento fue respetuoso, cálido, íntimo y  motivo de celebración y alegría. Mi niña creció viendo estas fotos en exposiciones y catálogos. Ella estuvo presente cuando nació su hermanito y convive con las dificultades que a veces presenta la situación de su hermano mayor.

Las fotos las asume con la naturalidad de un hecho cotidiano y doméstico. En casa hablamos sin tapujos de la vida y la vida incluye el nacimiento, la enfermedad y la muerte.

¿Sufriste algún tipo de censura por este u otros trabajos? ¿Por qué pensás que existe temor a mostrar un cuerpo de mujer “imperfecto”?

Muchos de mis trabajos han sido censurados. De hecho Facebook eliminó mi página de artista y en Estados Unidos la revista HipMama que publicó mi fotografía “Simbiosis” en la portada de la edición pasada recibió represalias por parte de algunos distribuidores que se negaron a ponerla a la venta.

No creo que exista temor a mostrar un cuerpo de mujer que no sigue los cánones de belleza establecidos. De hecho últimamente han surgido numerosos proyectos que muestran distintos cuerpos y no sólo no se les censura sino que son muy aplaudidos. En general, al sistema le gusta ver desnudas a las mujeres y no pone demasiado reparo en ello.

El temor aparece cuando se muestra un cuerpo que tiene sus propias razones para mostrarse, es decir cuando el cuerpo que se muestra no es objeto sino que es portador de una historia que quiere contar a través de una imagen. “Simbiosis”, por ejemplo, habla de la relación madre-hijo.

La censura no se debe a que pueda verse parte de un pecho ya que pechos se publican en casi todas las revistas del mundo y aparecen casi obligatoriamente en cada pancarta callejera o publicidad televisiva. La censura surge porque la fotografía deja en evidencia que una madre y un hijo pueden decidir, sin supervisión ni permiso de ningún experto, hasta cuándo, dónde y de qué forma establecen una relación de amor y apego reflejada en una lactancia a demanda que ya estamos desacostumbrados a ver.

Las exigencias de una sociedad capitalista hace que las bajas maternales sean cada vez más cortas y que muchos pediatras recomienden interrumpir la lactancia a los pocos meses de vida a pesar de que la OMS reconozca que la lactancia debería mantenerse como mínimo durante los dos primeros años de vida.

La censura aparece cuando una relación tan común como puede ser la de una madre y su niño desafía lo que el sistema considera correcto.

“Cesárea más allá de la Herida” también es un proyecto que desmantela muchos intereses económicos y biopolíticos en relación a los cuerpos de las mujeres. ¿Cómo puede justificarse que en determinadas clínicas sea una excepción parir vaginalmente? ¿Cómo puede justificarse que mientras la OMS recomienda que no se supere el 15 a 18% de cesáreas haya médicos que tan pronto la mujer llega al séptimo u octavo mes de embarazo ya empiezan a programar la fecha para entrar a quirófano?  La censura no es al cuerpo sino a lo que muchas de estas cicatrices denuncian.

“More Store” desafía y cuestiona esos parámetros establecidos sobre el cuerpo de la mujer, ¿de qué se trata este trabajo?

“More Store” es una instalación en la que se exhiben trajes realizados con fotografías de los cuerpos de casi cincuenta mujeres entre 18 y 75 años de edad. Cada traje/cuerpo tiene una etiqueta con su “MADE IN” que indica el lugar de origen real de cada mujer fotografiada.

Invita a ponerse en la piel de otras personas y a indagar en el valor que le damos al cuerpo basándonos en parámetros estéticos influenciados por valores mercantiles y por prejuicios asociados a la procedencia. Toca el tema de la inmigración, de la banalización de la mujer, de la comercialización inhumana a la que ya parecemos habernos acostumbrado.

¿En qué proyecto estás trabajando ahora o pensás trabajar en un futuro cercano?

Estoy realizando una nueva serie fotográfica en la que pretendo dejar en evidencia algunas de las grandes falacias que nos hemos creído y el impacto deshumanizante que conllevan.

Es un proyecto sencillo en su desarrollo pero ambicioso en su planteamiento. A su vez, me han invitado a fotografiar otros cuerpos y no me he podido resistir. En unos días viajo a registrar las historias que quieran contarme.

>Ana Alvarez-Errecalde

La obra artística de Ana Alvarez-Errecalde, que incluye fotografía, video e instalaciones, ha sido expuesta en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB ) Foment de les Arts i del Disseny (FAD) y el Centro de Arte Santa Mónica (Barcelona), Sala El Águila, Feria Estampa y Canal de Isabel II (Madrid), el European Women Lobby (Bruselas), el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA) y el Centro Cultural de España en Buenos Aires (CCEBA).

Su libro fotográfico “Cesárea, más allá de la Herida” producido en colaboración con la Asociación El Parto es Nuestro y editado por Ob Stare, ha recibido excelentes críticas a nivel internacional.

Su trabajo ha sido seleccionado y ha obtenido numerosos premios en diferentes convocatorias como European Women Lobby, Photo Competition2010, Bruselas, Bélgica; Festival de la Luz, Buenos Aires, Argentina; Premio Joven UCM y Premio Miguel Casablancas, Certámenes de Arte de Orense y Albacete, Bienales de Galería Clave Murcia y del Aytuntamiento de Móstoles, España.

 

>Más información:
http://alvarezerrecalde.com/