Revista Deck. Arquitectura, diseño y decoración.

Mario Álvarez: el Jefe

Mario Roberto Álvarez es uno de los grandes nombres de la arquitectura argentina y sudamericana. Coherente desde un primer momento con el conjunto de tendencias modernas surgidas en los albores del siglo XX, su obra comienza a finales de 1930. A fuerza de trabajo, logrará instalarse entre los principales referentes del  movimiento que adquirió gran protagonismo en Argentina, Brasil y Venezuela entre los años 50 y 60.

De una intachable trayectoria profesional, obtuvo además incontables reconocimientos, destacándose el Honorary Fellows del American Institute of Architects y el premio al mejor arquitecto en Sudamérica, otorgado por el World Survey/World Architecture en los años 1972, 1998 y 1999.


El estudiante

En 1931 egresó del Colegio Nacional de Buenos Aires con Medalla de Honor y contra todas las recomendaciones decidió estudiar arquitectura. En los años 30 la mayoría creía que sólo podían ser arquitectos quienes provenían de familias adineradas y bien vinculadas, que no era su caso. No obstante, convencido de que aquella era su vocación ingresó en 1932 en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Buenos Aires (UBA) de la que egresaría en 1936 también con medalla de honor.

En 1938 recibió la beca Ader, reconocimiento otorgado a los mejores promedios de la UBA, lo que le posibilitó realizar un viaje por Holanda, Alemania, Francia, Inglaterra, Bélgica e Italia para estudiar la problemática de las viviendas económicas y de los hospitales en dichos países.

En este viaje, Álvarez realizó una gran cantidad de croquis, bocetos, perspectivas y análisis detallados de todo tipo de edificios, particularmente los modernos, de las 115 ciudades que visitó. Además, consiguió entrevistarse con importantes arquitectos de la época, como Walter Gropius, Erich Mendelsohn y Albert Speer.


El arquitecto

Un año más tarde de su viaje por Europa, ya de vuelta en Argentina, logró su primer trabajo ganando el concurso para la construcción de la Corporación Médica de San Martín, obra que sería destacada por la revista italiana Casabella por su espíritu moderno.

A partir de allí, sin los contactos que en esa época resultaban imprescindibles para trabajar de arquitecto, el joven Mario desarrollaría una carrera que lo llevaría a convertirse en una de las figuras más importantes de la arquitectura argentina de todos los tiempos.

Fiel representante de la modernidad, se destacó desde sus comienzos como un arquitecto sensible, buen dibujante y con un carácter profesional fuertemente ético. Pero fue la coherencia de sus ideas a lo largo de sus más de siete décadas de trayectoria el rasgo más característico de su obra.

Ya a fines de los años 30, cuando construyó sus primeros centros de salud en el noroeste argentino, defendió los criterios modernos frente a los historicistas vigentes en ese entonces. Para aquel joven y talentoso profesional la arquitectura debía ser reflejo de la sociedad a la que pertenecía y, por tanto, reflejo de su tiempo y lugar y no una copia de formas anacrónicas pertenecientes a tiempos pasados evocados, maquillando así la lectura histórica de la época.

En tal sentido, en una de sus últimas entrevistas señalaba que “por las inclinaciones estéticas de la gente rica, la ciudad (Buenos Aires) tuvo hasta hace poco una gran influencia de la arquitectura francesa. La mayoría de los arquitectos importantes que trabajaron en el país eran originarios de Francia. Tanto es así que tenemos, en plena Pampa, pequeños chateaux como cascos de estancias”.

Su obra debe entenderse como un trabajo continuo cuyo principal objetivo siempre fue conseguir la expresión más simple en la apariencia de la arquitectura. De esa manera, lo superficial y banal fue desapareciendo paulatinamente de sus construcciones para aproximarse cada vez más a la esencia y a la profundidad, a la idea rectora de cada proyecto. Contemporáneo de Clorindo Testa, él mismo se calificó como su opuesto: «Testa es un arquitecto-artista […], yo hago una arquitectura más bien ingenieril».

El estudio

El estudio de Álvarez y Asociados se destacó rápidamente por su metodología de trabajo, pasión por los detalles y rigurosidad en obra, siendo la del Teatro General San Martín su carta de presentación en el ámbito internacional.

Álvarez, a quien llamaban cariñosamente “el jefe”, supo consolidar su estudio construyendo una serie de edificios bancarios, de vivienda y de oficinas en torre, evidenciando gran capacidad y tenacidad para ejecutar obras de gran escala, utilizando siempre un criterio funcionalista y racional.

Tal vez los mayores logros no sean las obras en sí mismas, si no la organización que creó para llevar a cabo su arquitectura, en la que predominó siempre la programación por sobre la imprevisibilidad artística, convirtiendo a Álvarez y Asociados en una máquina eficiente y, señalan sus colegas, como nunca se vio en estas latitudes.

El legado

Fue un trabajador incansable y dejó en sus casi 98 años de vida un centenar de obras que se traducen en cerca de cinco millones de metros cuadrados construidos en todo el país, entre ellos una docena de edificios que son ejemplo de la mejor arquitectura internacional.

Construyó centros sanitarios, edificios de laboratorios, universidades, colegios, bancos, edificios de departamentos, teatros, radios, inmuebles para oficinas, galerías, hoteles, casas habitación, urbanizaciones, aeropuertos, clubes de deportes, y en alguna oportunidad señaló que sólo le faltó una iglesia: “no es tanto que me hubiera gustado hacerla sino que sería un desafío, algo muy difícil de realizar”.

 

 >Álvarez en obras

Entre las más destacadas y que pueden recorrerse en un circuito comprendido entre los barrios porteños de Retiro, Belgrano y Microcentro se encuentran las siguientes obras:

-Teatro y Centro Cultural San Martín (1953-60): Av. Corrientes 1530.

-Sanatorio Güemes (1970-86): Acuña de Figueroa 1240.

-Edificio Somisa (1966-77): Diagonal Sur y Belgrano.

– Reconquista (1966-67): Av. Juan B. Justo y Av. Córdoba.

-Ampliación Teatro Cervantes (1962-69): Av. Córdoba 1155.

-Ampliación Teatro Colón (1969-72): Libertad 621.

-Galería Jardín: Florida 537.

-Torre IBM (1978-83): Ing. Enrique Butty 275.

-Torre Le Parc (1992-96): Demaría 4500.

-Hotel Hilton de Puerto Madero (2000): Macacha Güemes 351.