Revista Deck. Arquitectura, diseño y decoración.

Pulmón verde

Por | MaRiO R. MiNeRviNO | Ingeniero Civil

El proyecto inicial comprendía 24 hectáreas de tierras en la zona conocida como Bañado de Jiménez, por cuyo interior cruzaba, rumbo a la ría, el arroyo Maldonado, brazo que ayudaba a desagotar al arroyo Na- postá ante las crecidas generadas por las lluvias en la zona serrana.
Domingo Fernández Beschtedt, José Godinho y el médico Adalberto Ramaugé, que no eran vecinos de la ciudad, apostaron a adquirir estos terrenos “alejados” de la plaza Rivadavia, convencidos de su potencial y entusiasmados por un desarrollo que venía haciendo furor frente al negativo impacto de la ciudad industrial, proponiendo barrios con jardines, árboles y viviendas tipo chalets, de dos pisos y resueltas con la intervención de un profesional de la arquitectura.
Con ese objetivo, los emprendedores contrataron al arquitecto paisajista Augusto Flamant, el mismo que unos años antes había realizado el primer diseño de la plaza Rivadavia. Flamant propuso un barrio de manzanas irregulares y calles curvas, algo completamente novedoso para el urbanismo en damero que dominaba las ciudades americanas. El profesional tuvo, sin embargo, dos importante condicionamientos: por un lado reconvertir al Maldonado en una serie de lagos y luego cegar el resto del brazo en el área del barrio.
Por otra parte, los propietarios donaron al municipio un área central de 200 mil metros cuadrados para que allí se estableciera un parque público, al que se bautizó “Parque Municipal”. A cambio de esa cesión, el municipio asumía el compromiso de realizar la apertura de las calles, colaborar con la forestación y trazar los lagos artificiales, entre otras tareas.
En mayo de 1906, el Concejo Deliberante aprobó la propuesta quedando conformado el barrio Parque Adornado y en su centro, el Parque Municipal. En octubre se firmó, en la escribanía de Eliseo Casanova, la escritura y en una curiosa fecha, 25 de diciembre, se realizó el acto inaugural del conjunto, con la presencia de funcionarios municipales, provinciales y nacionales en un gran asado con cuero y cerveza para todos. Bahía Blanca tenía su primer parque público y un barrio que enriquecería su geografía.

Primer remate y chalets
En diciembre de 1911 la firma porteña Adolfo Bullrich sacó a remate los primeros 250 lotes del Barrio Parque Adornado, ya trazadas las calles y desarrollada su infraestructura. Para entonces había comenzado la construcción del teatro Municipal –en la avenida Alem y Alsina—y el Parque Municipal había sido rebautizado, el 25 de mayo de 1910, como Parque de Mayo, en honor al Centenario de la Revolución. Por otra parte, los propietarios edificaron algunas viviendas buscando impulsar el lugar. “Existen dentro del barrio chalets erigidos para servir de modelo a la edificación elegante y variada que deberá hacerse en el mismo”.
Se estipuló vender los lotes con un promedio de 550 varas cuadradas, “sobre calles de curvas suaves, arboladas, pavimentadas de macadán liso, luz eléctrica, gas, aguas corrientes y una calle de servicio destinada al tranvía eléctrico”. Las condiciones de venta eran por demás ventajosas: 5% de seña, 15 al escriturar (“después de la cosecha”) y el resto en 5 cuotas semestrales con 6% de interés anual.
Bullrich promocionó el complejo asegurando que era “único en su género en el país” y explicó a los porteños que su ubicación era “tan central” como era el barrio de Retiro en relación al centro capitalino, que tendría “tan hermosas perspectivas como Palermo” y comparó a la avenida Alem con la paqueta avenida Alvear. “Vivir en el barrio adornado será disfrutar permanentemente de las delicias de Palermo, de aire puro, buen sol, parques magníficos, lagos y arbolados, como sólo lo pueden mantener los millonarios”, agregó en su publicidad.
Para entonces, las calles tenían los nombres que en 1908 les asignó el municipio, “elegidos con un amable simbolismo”, ateniendo que el parque sería “el más hermoso adorno de Bahía Blanca”. La avenida de acceso, por Alem, se llamó “Avenida de las Sophoras”. La diagonal de ingreso por Florida fue la avenida de las Acacias, la calle que bordeaba el parque era la avenida de los Alamos Holandeses y el acceso desde La Carrindanga fue la avenida de Los Álamos Plateados. Las calles internas se llamaban: de los Olmos, de los Fresnos Blancos y de los Haylanthus.
El parque de Mayo fue rápidamente adoptado por los bahienses como paseo, al punto que las páginas sociales de los diarios publicaban los apellidos de las familias que a bordo de lujosos carruajes recorrían Alem para llegar al lugar. “El parque de Mayo es un paseo que en muy poco tiempo adquirió toda la plenitud de su hermosura, con su configuración tan elogiada por los hombres de sentimientos educados en el culto de la bello, orientadores del progreso edilicio en sus mas artísticas manifestaciones”, publicó en 1911 el diario La Nueva Provincia. Sin embargo el futuro del conjunto sería otro: mientras el barrio estaba condenado al fracaso como iniciativa, el parque se iría consolidando día a día.

De barrio a parque
Lo alejado del lugar para la idiosincrasia bahiense fue quizás el principal factor por el cual el Barrio Parque Adornado no prosperó. Si bien los terrenos se fueron vendiendo, nadie construyó en el lugar. En 1928 el municipio marcó un rumbo cuando adquirió los terrenos de la sucesión Godinho, anexando al parque varios metros cuadrados. En 1936 hizo otro tanto con varios lotes de la sucesión Ramaugé, al tiempo que comenzó a intimar a muchos propietarios por sus abultadas deudas fiscales. En la década del 40 se implementó un esquema de expropiaciones y finalmente todo el barrio quedó anexado al parque.
A fines de la década del 40, se concretó la reapertura y canalización del arroyo Maldonado, poniendo punto final a una nefasta etapa de inundaciones que sufría la ciudad por los desbordes del Napostá.
El lugar fue elegido por muchos para ubicar monumentos, entre ellos el primero que se colocó en la ciudad, a José de San Martín (en 1910), el Pilar Reloj Sirio Libanés (1928), el monumento a los Fundadores (1932) y el monumento a Roma (1978), entre otros.
Sin haber resignado su trazado de barrio –que sirvió sin dudas como inspiración para el diseño del barrio Parque Palihue (1947)– el paseo sigue siendo el más concurrido de la ciudad. Algunas intervenciones han fortalecido áreas particulares, aunque nunca se ha definido un plan integral de puesta en valor y adecuación. El desarrollo de dos paseos lineales en los últimos tiempos –el de las Esculturas y el de calle Cuyo—han potenciado su presencia para miles de bahienses que realizan actividades físicas y disfrutan de una propuesta paisajística y espacial única.

>Orgullo bahiense
Con una superficie de más de 60 hectáreas forestadas, el Parque de Mayo presenta un trazado donde predominan las líneas curvas y zigzagueantes que invitan a transitarlo y a adentrarse en su llamativo paisaje boscoso.
Es uno de los espacios verdes y recreativos más importantes de la ciudad de Bahía Blanca, cuenta con pista de salud, cancha de fútbol, cancha de softball, un anfiteatro, pista de bicicross, bicisendas, juegos infantiles y un importante lago artificial por el que se puede pasear en bote.