Por | Elisa Porto Arquitetura | Fotografía | Eduardo Macarios
Ubicada en Foz do Iguaçu, en la mata atlántica, Casa Refugio nace de la búsqueda del equilibrio entre arquitectura, naturaleza y confort térmico.
En una región de clima subtropical húmedo, caracterizado por una alta humedad durante todo el año, veranos con elevadas temperaturas e inviernos templados, el principal desafío fue integrar los ambientes internos y externos sin comprometer el rendimiento térmico del hogar. Por lo tanto, la residencia se abre hacia el interior del terreno envolviendo el jardín, simulando un respiro de calma.

La composición se organiza en tres volúmenes principales —el sector social, el íntimo y el de servicio—, los cuales se abren hacia el jardín de la piscina. De este modo, la iluminación natural y la ventilación cruzada dejan de ser meros atributos y se convierten en principios rectores del proyecto. Asimismo, dos desafíos condujeron el desarrollo: la estructura y la insolación.

Además del vano de catorce metros, la apertura cenital en la losa en voladizo sobre el garaje, viabilizada por el hormigón pretensado, se vuelve protagonista, formando parte de la identidad de la residencia al llevar luz y ventilación natural a uno de los dormitorios y enriquecer la composición de la fachada.

La implantación en «L» orienta el área social hacia el norte, protegida por un amplio alero que controla la incidencia solar, bloqueando el sol intenso del verano sin impedir el calentamiento en invierno. Además, favorece la ventilación cruzada y permite que la luz y el paisaje formen parte de la vida cotidiana.
La fachada oeste alberga quiebrasoles verticales que funcionan como protección para la circulación íntima y los dormitorios, filtrando la luz, mitigando el calor y transformando el recorrido en un espacio contemplativo volcado hacia el jardín.

Desde el principio existía una convicción: la residencia debía estar inmersa en el jardín. La vegetación no sería únicamente el entorno, sino parte de la propia arquitectura. Los volúmenes se implantaron cuidadosamente para crear vacíos que acogieran el paisajismo, permitiendo que el verde atraviese los ambientes.

El deseo de recibir a amigos y familiares encontró su expresión en un área social amplia y continua. Los espacios se conectan y se repliegan según la ocasión, gracias a las puertas retráctiles y a las soluciones que permiten integrar o aislar ambientes sin comprometer la unidad del conjunto. Esta flexibilidad, que transforma la convivencia en un gesto espontáneo, permite acompañar los diferentes ritmos de la vida.

La fluidez es un punto relevante en Casa Refugio, partiendo inicialmente de un bloque rectangular que se extruye y se rota para formar el segundo volumen. A partir de allí, estos elementos se abren hacia el jardín de manera que engloban el entorno. El volumen social, formado por dos losas, se posa suavemente sobre el césped de la piscina, mientras que la losa del garaje en voladizo descansa sobre dos pilotis y sobre el volumen del área íntima.

La materialidad de la residencia nace del diálogo entre los elementos estructurales y los elementos naturales. El hormigón pretensado, la mampostería y el vidrio componen la estructura y los cerramientos, mientras que la madera y la piedra introducen texturas naturales. Los elementos de sombreado, como los bloques calados (cobogós) y los quiebrasoles, filtran la luz y preservan la privacidad. Cada material fue elegido no solo por su función, sino también por la atmósfera que construye.
FICHA TÉCNICA
Arquitectura: Elisa Porto Arquitetura.
Ubicación: Foz do Iguaçu, Brasil.
Año: 2023.
Área: 360 metros cuadrados.
Fotografía: Eduardo Macarios.


























