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Amsterdam en primavera. La guía definitiva para descubrir la ciudad de los canales cuando florece

Amsterdam en primavera

Amsterdam en primavera es otra ciudad. Los tulipanes tiñen los campos de colores imposibles, las terrazas junto a los canales se llenan de gente y los locales retoman su vida al aire libre con la naturalidad de quien nunca la abandona del todo. Pero hay otra cara de la ciudad —más íntima, más secreta— que se revela en cuanto uno cruza la puerta equivocada de un edificio del siglo XVII.

PEDALEANDO POR LA CIUDAD MÁS CICLISTA DEL MUNDO

Ningún medio de transporte captura mejor el espíritu de Amsterdam que la bicicleta. Alquilar una y lanzarse al recorrido autoguiado por el barrio de Amsterdam Noord es una experiencia imperdible. La ruta pasa por el Muelle NDSM, un astillero reconvertido en polo cultural donde los artistas se apropiaron del espacio cuando la industria lo abandonó y todavía hoy cubren sus paredes con murales monumentales.

Más al sur, el Marineterrein —también un antiguo astillero, este del siglo XVII— ofrece un largo paseo flotante desde el que se puede nadar en aguas serenas con vista al Museo Marítimo Nacional. La calidad del agua se controla regularmente. Para quienes prefieren no mojarse, hay tablas de stand-up paddle en alquiler.

TULIPANES, CANALES Y TRAVESÍAS QUE CUENTAN HISTORIAS

Las fotografías de los campos de tulipanes de Holanda dan apenas una pálida idea de lo que es estar entre ellos. Florecen entre fines de marzo y mayo, y aunque los jardines de Keukenhof son el punto de visita más conocido, la granja familiar De Tulperij —a unos 32 kilómetros al sudoeste de Amsterdam— ofrece algo más cercano y auténtico: paseos entre los cultivos, flores para elegir y cortar, y recorridos guiados con la familia que lleva generaciones en ese oficio.

Entre los operadores de tours en bote, la empresa Rederij Lampedusa se destaca por su historia singular. Con raíces en Siria, Somalia, Eritrea, Egipto y los Países Bajos, su tripulación navega a bordo de antiguas embarcaciones migrantes recuperadas. Los recorridos combinan la perspectiva clásica de los canales con relatos sobre cómo siglos de migraciones dieron forma a la ciudad que conocemos hoy.

LA CIUDAD SECRETA QUE NADIE ESPERA ENCONTRAR

Adentro de una casa de mercader del siglo XVII en pleno centro hay una iglesia. Una iglesia completa, con capacidad para 150 personas, oculta en el último piso. El Museo Our Lord in the Attic existe porque en aquella época el culto católico estaba prohibido en público, y los feligreses necesitaban encontrar maneras ingeniosas de practicarlo. Hoy es uno de los secretos mejor guardados de la ciudad.

Los bares tradicionales conocidos como bruin cafes —cafés marrones, por sus interiores de madera oscurecida por siglos de humo de tabaco— son otra institución local. El Café Chris, en el barrio del Jordaan, lleva abierto desde 1624 y tiene exactamente el aspecto que debería tener un lugar con esa historia.

Para cerrar la noche, el restaurante REM Eiland —instalado en lo que fue una plataforma petrolera reconvertida en emisora pirata de radio— sirve platos creativos de mar con vistas al atardecer desde su barra en el techo. Y si hay un show en el Paradiso, la antigua iglesia del siglo XIX que Pink Floyd y Nirvana pisaron alguna vez, el plan está completo.