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El Museo del Helado. Un museo que no es museo

El Museo del Helado

Foto | @museumoficecream
El Museo del Helado es color, juego y sorpresa en estado puro. Más que un museo clásico, El Museo del Helado propone un recorrido inmersivo que convierte lo cotidiano en experiencia: toboganes gigantes, túneles de helado, sabores inesperados y espacios pensados para explorar, jugar e instagramear sin culpa.

De Nueva York a Singapur, El Museo del Helado se expandió como un fenómeno global. Su propuesta rompe con la lógica del museo tradicional y se acerca más a una experiencia multisensorial donde el diseño, el color y la escala funcionan como protagonistas.

Cada sede combina fantasía y participación en ambientes que invitan a moverse, explorar y descubrir. En El Museo del Helado no se mira: se juega.

El Museo del Helado

COLOR, JUEGO Y DISEÑO COMO EXPERIENCIA

El Museo del Helado transforma lo lúdico en una experiencia inmersiva que engancha desde el primer paso.

Toboganes que cruzan salas enteras. Piscinas de “sprinkles”. Túneles rosados que parecen salidos de un sueño pop. Degustaciones con sabores clásicos y otros inesperados. Espacios diseñados al detalle para despertar la curiosidad y capturar ese momento perfecto.

Por eso se volvió una parada obligada para fans del diseño, familias, creadores y turistas que buscan un plan distinto y altamente instagrameable.

El Museo del Helado

MÁS QUE INSTAGRAMEABLE: UNA EXPERIENCIA QUE SE SIENTE

El Museo del Helado no solo es estético: es sensorial. Se volvió un clásico moderno porque propone algo distinto: una pausa del piloto automático para volver a lo lúdico, lo táctil y lo sorpresivo.

Acá, el helado es excusa para activar los sentidos: colores saturados, texturas, aromas y una puesta en escena que mezcla nostalgia y actualidad. Un espacio pensado para reconectar con el juego sin importar la edad.

El Museo del Helado

UN UNIVERSO PROPIO

El Museo del Helado consiguió lo que pocos espacios logran: convertirse en destino, marca y experiencia sin depender de colecciones tradicionales. Construyó un universo propio donde el helado es lenguaje y el diseño, protagonista.

Por eso, más que una visita, El Museo del Helado es un mundo hecho para sorprender.