Fotografía | Foster + Partners
270 Park Avenue se incorpora al perfil de Manhattan como una de las nuevas piezas centrales de su distrito financiero. Diseñado por Foster + Partners para funcionar como sede global de JPMorganChase, el rascacielos combina una estructura monumental, espacios de trabajo flexibles y sistemas ambientales que buscan establecer un nuevo estándar para los edificios corporativos.
La torre alcanza los 423 metros de altura, posee 60 pisos y reúne aproximadamente 232.000 metros cuadrados. Inaugurada en octubre de 2025, fue proyectada para recibir a 10.000 empleados y a miles de visitantes diarios.
Además de transformar el horizonte de Midtown, el edificio se presenta como la torre completamente eléctrica más grande de Nueva York, alimentada con energía renovable y diseñada para alcanzar emisiones operativas netas iguales a cero.
UNA NUEVA SEDE PARA JPMORGANCHASE
En 2018, Foster + Partners ganó el concurso para diseñar la nueva sede global de JPMorganChase en uno de los terrenos más complejos y estratégicos de Manhattan.
La parcela ocupa una manzana completa entre Park Avenue y Madison Avenue, cerca de Grand Central Terminal. Debajo del edificio funciona una importante infraestructura ferroviaria que condicionó la ubicación de las fundaciones y obligó a desarrollar una solución estructural específica.
El nuevo rascacielos reemplaza al antiguo edificio Union Carbide, una torre modernista diseñada por SOM y terminada en 1960. Su demolición comenzó en 2019 y se convirtió en una de las operaciones de este tipo más grandes realizadas hasta ese momento.
El 97 % de los materiales del edificio anterior fue reciclado, reutilizado o transformado para otros usos, superando ampliamente los estándares habituales para una demolición de esta escala.

UNA ESTRUCTURA QUE ELEVA EL EDIFICIO
El elemento más reconocible de 270 Park Avenue aparece en su base.
En lugar de descender mediante una sucesión convencional de columnas, la torre se apoya sobre una estructura en forma de abanico acompañada por grandes diagonales triangulares. Este sistema concentra las cargas en puntos compatibles con las vías ferroviarias que atraviesan el subsuelo.
La solución permite elevar el volumen aproximadamente 24 metros sobre el nivel de la calle y liberar buena parte de la planta baja.
Estructura y arquitectura se vuelven inseparables. Los enormes elementos metálicos revestidos en tonos bronce no quedan ocultos, sino que construyen la identidad exterior del edificio y acompañan el recorrido de quienes ingresan.
El gran lobby atraviesa visualmente toda la manzana y establece una conexión entre Park Avenue y Madison Avenue. Su altura, la presencia de la estructura y el ingreso de luz natural crean una escala cercana a la de un espacio cívico.
MÁS ESPACIO PÚBLICO EN LA PLANTA BAJA
La decisión de elevar la torre permitió multiplicar por 2,5 la cantidad de espacio exterior disponible en comparación con el edificio anterior.
El proyecto incorporó veredas más anchas, áreas verdes y una nueva plaza pública sobre Madison Avenue. Estos espacios fueron pensados para los trabajadores del complejo, pero también para residentes, peatones y visitantes de Midtown.
La intervención mejora además la relación con Grand Central Terminal y forma parte de una transformación urbana más amplia dentro de East Midtown.
En lugar de ocupar completamente el terreno con un basamento cerrado, 270 Park Avenue reduce sus puntos de contacto con el suelo. La torre gana presencia en altura mientras libera superficie para la vida urbana.
UNA FACHADA DE VIDRIO Y BRONCE
La expresión exterior del edificio surge de una combinación de vidrio, acero y tonos bronce que reinterpreta la tradición de los grandes rascacielos comerciales de Nueva York.
Su volumen se retrae progresivamente a medida que asciende, generando una silueta escalonada que responde a las regulaciones urbanas y dialoga con los edificios históricos de Park Avenue.
La estructura diagonal permanece visible detrás de la envolvente y refuerza la verticalidad. En la parte superior, los retranqueos reducen el volumen hasta formar una coronación estrecha y reconocible dentro del perfil de Manhattan.
La fachada utiliza paneles de triple vidrio para mejorar el aislamiento térmico y reducir la demanda energética. Cortinas solares automáticas trabajan de manera coordinada con los sistemas de climatización para controlar la radiación y el deslumbramiento.
LA TORRE ELÉCTRICA MÁS GRANDE DE NUEVA YORK
270 Park Avenue funciona completamente con electricidad procedente de fuentes renovables, incluida energía hidroeléctrica generada en el estado de Nueva York.
El edificio fue diseñado para operar sin combustibles fósiles en sus instalaciones y alcanzar emisiones operativas netas iguales a cero. Su sistema inteligente utiliza sensores, automatización y herramientas de aprendizaje automático para anticipar las necesidades energéticas.
La tecnología permite ajustar la iluminación, la climatización y otros sistemas según la ocupación y las condiciones ambientales de cada sector.
El proyecto también incorpora almacenamiento y reutilización de agua, una estrategia que permite reducir su consumo en más de un 40 %. Las terrazas vegetadas, los vidrios de alto rendimiento y el control solar completan el conjunto de medidas ambientales.
La torre fue proyectada para alcanzar la certificación LEED Platinum v4 y la calificación WELL Health-Safety.
OFICINAS FLEXIBLES Y SIN COLUMNAS
Los 232.000 metros cuadrados del edificio incluyen oficinas, áreas de colaboración, espacios para clientes, sectores gastronómicos, instalaciones de bienestar y ocho grandes plantas destinadas a operaciones financieras.
La estructura exterior permite liberar las plantas de columnas interiores, ofreciendo superficies amplias que pueden cambiar su distribución con el paso del tiempo.
Esta flexibilidad resulta especialmente importante en un edificio pensado para funcionar durante varias décadas. Los espacios pueden reorganizarse para incorporar nuevas tecnologías, equipos de diferentes tamaños y formas de trabajo que todavía continúan evolucionando.
La circulación vertical fue resuelta mediante núcleos divididos y ascensores de transferencia. Este sistema permite conectar distintas zonas del rascacielos sin concentrar todos los recorridos en un único punto.
UNA CIUDAD DENTRO DE LA CIUDAD
La escala y la variedad de programas convierten a 270 Park Avenue en algo más que una sucesión de oficinas.
El edificio incluye un gran espacio central de triple altura denominado The Exchange, destinado a encuentros, gastronomía y eventos. En los niveles superiores se encuentra un centro para clientes con vistas panorámicas sobre Manhattan.
Las instalaciones también comprenden un centro de salud y bienestar, áreas deportivas, terrazas, espacios de meditación y sectores gastronómicos.
Más de 50.000 dispositivos conectados forman parte de la infraestructura tecnológica. Estos sistemas administran desde el acceso hasta las condiciones ambientales y el funcionamiento cotidiano de los espacios.
El concepto general busca construir una ciudad vertical donde trabajo, servicios, salud y vida social puedan convivir dentro de una misma estructura.
LUZ NATURAL, AIRE FRESCO Y BIENESTAR
El bienestar de los trabajadores fue otro de los ejes centrales del proyecto.
Las oficinas reciben el doble de aire exterior exigido por los códigos habituales y cuentan con monitoreo permanente de su calidad. La altura entre pisos supera los estándares convencionales de los edificios corporativos, aumentando el volumen disponible por persona.
Un sistema de iluminación circadiana modifica su intensidad y temperatura a lo largo del día para acompañar los ritmos naturales del cuerpo.
Las terrazas y la incorporación de vegetación acercan los espacios de trabajo al exterior, mientras que las grandes superficies vidriadas permiten aprovechar las vistas y el ingreso de luz natural.
En comparación con la sede anterior, el edificio ofrece un 50 % más de espacios comunitarios y un 25 % más de volumen por ocupante.
UN NUEVO ÍCONO SOBRE PARK AVENUE
Con sus 423 metros, 270 Park Avenue se convirtió en una de las torres más altas de Nueva York y en una nueva referencia dentro del paisaje de Midtown.
Su presencia se apoya en una estructura que no intenta desaparecer: los grandes abanicos metálicos, las diagonales y los tonos bronce explican visualmente cómo se sostiene el edificio.
El proyecto combina esa expresión monumental con una transformación de la planta baja, donde la torre se eleva para devolverle espacio a la ciudad.
La sede de JPMorganChase representa así una nueva generación de arquitectura corporativa: más alta, tecnológica y compleja, pero también obligada a responder por su consumo energético, su relación con el espacio público y la calidad de los ambientes interiores.


























