Fotografía | Leonardo Finotti; Antonio Soto
Hay lugares que ejercen una especie de magnetismo silencioso. Trancoso es uno de ellos. Este antiguo pueblo de pescadores, ubicado en la costa sur de Bahía, Brasil, está marcado por la presencia constante de la Mata Atlántica, la geometría simple del Quadrado —el histórico espacio central del pueblo— y un estilo de vida alineado con el ritmo pausado del paisaje.

Con el tiempo, esta combinación entre naturaleza, arquitectura y vida cotidiana dio lugar a una forma de habitar donde los límites entre lo construido y lo natural se vuelven difusos.
En este contexto nace Casa Muxarabi, diseñada por el estudio brasileño André Luque Arquitetura como una casa de descanso familiar y, al mismo tiempo, como su primer desarrollo residencial pensado para la venta.

Ubicada dentro de un condominio sobre los acantilados, la vivienda se implanta en un terreno de aproximadamente 1.600 m² rodeado de vegetación nativa y lindero a un área protegida. A pocos minutos del Quadrado y de la playa, el proyecto aprovecha vistas privilegiadas y condiciones ambientales que guiaron cada decisión de diseño.

Desde el inicio, la premisa fue intervenir lo mínimo posible: no se realizaron grandes movimientos de suelo y solo se reubicaron cuatro árboles. La casa se adapta a la pendiente natural como si estuviera cuidadosamente apoyada en el terreno.
El acceso ya anticipa esta idea. Una pasarela conecta la vereda con el volumen principal, marcando una transición gradual entre lo público y lo privado. Este gesto desacelera la llegada y permite descubrir la lógica espacial de la casa.

Con unos 800 m² construidos, la vivienda se organiza en dos volúmenes en distintos niveles. Los espacios sociales se ubican arriba y las suites en el nivel inferior. Entre ambos, la topografía genera vacíos, áreas de sombra y espacios exteriores que forman parte del uso cotidiano. Todo funciona como un sistema continuo donde circulaciones, visuales y paisaje se integran.
La estructura está realizada íntegramente en madera laminada de eucalipto certificado, lo que permite grandes luces sin necesidad de columnas invasivas. Este sistema no solo mejora la eficiencia constructiva, sino que reduce el impacto ambiental y facilita una integración precisa con el entorno.

El volumen social se extiende longitudinalmente y está protegido por amplios aleros que resguardan del sol y la lluvia. Sobre la fachada, una trama geométrica reinterpretada en paneles de cemento pigmentado se convierte en el rasgo distintivo del proyecto. Inspirada en las celosías tradicionales brasileñas, esta piel filtra la luz, garantiza privacidad y permite ventilación constante.

Al atravesar este filtro aparece un gran espacio integrado donde living, comedor y cocina conviven sin divisiones rígidas. La continuidad espacial se refuerza con el piso de cemento blanco, desarrollado por artesanos locales, que actúa como una superficie uniforme y luminosa.
Todo el espacio social se abre hacia una gran terraza de madera que funciona como galería. Allí, la arquitectura se diluye en el paisaje. Una piscina infinita a la altura de las copas de los árboles genera la sensación de flotar sobre la selva, acompañada por un sauna con vistas a la vegetación.
Debajo de este volumen se ubican las áreas de servicio y un espacio de descanso con hamacas, uno de los sectores más representativos de la casa. Cubierto y ventilado naturalmente, está pensado para relajarse sin prisa.

Más abajo se desarrolla el segundo volumen con cuatro suites de huéspedes, todas con la misma lógica espacial y protegidas por la misma piel filtrante. Una de ellas fue pensada para grupos o niños, con mayor flexibilidad.
En el nivel más bajo se encuentra la suite principal, orientada completamente hacia el bosque. Con acceso independiente y protegida por una pérgola, funciona como un refugio íntimo sin perder conexión con el entorno.

La cubierta del bloque de suites se transforma en una terraza con parrilla y espacios de encuentro, mientras que el techo del volumen principal incorpora un jardín accesible que funciona como mirador natural.
El paisajismo prioriza especies nativas y refuerza la idea de que la casa emerge del entorno. De noche, una iluminación sutil resalta los volúmenes y permite que la arquitectura se funda con el paisaje.

Pensada para alojar hasta catorce personas, Casa Muxarabi funciona tanto en momentos de encuentro como en instancias de calma. Es una arquitectura que no se impone, sino que acompaña: filtra, protege y se integra al lugar, invitando a habitarlo sin apuro.

FICHA TÉCNICA
Proyecto: André Luque Arquitetura.
Ubicación: Trancoso, Bahía, Brasil.
Superficie del terreno: 1.600 m².
Superficie construida: 800 m².
Año de diseño: 2014.
Año de finalización: 2017.
Interiorismo: André Luque Arquitetura.
Equipo de proyecto: André Luque, Mylena Benetti, André Teixeira, Marina Risse.
Estructura de madera: ITA Construtora.
Paisajismo: Land N Citi — Rulian Nociti.
Iluminación: AR Light Solutions.
Ingeniería eléctrica y sanitaria: A5 Engenharia.
Fotografía: Leonardo Finotti; Antonio Soto.
Comunicación / Texto: Matheus Pereira Comunicação.


























