Por | Studio Gontijo Arquitetura | Fotografía | André Klotz
Ubicada en lo alto de un acantilado en Trancoso, en el sur de Bahía, Casa Raízes fue concebida a partir de una relación profunda con el territorio.
Con vistas permanentes hacia el horizonte y el océano, el terreno reúne dos características determinantes para el proyecto: la presencia exuberante de la Mata Atlántica y la proximidad inmediata al mar, al que se accede por un sendero exclusivo que atraviesa la vegetación nativa hasta la Playa de Itapororoca. La ubicación privilegiada del lote, sumada a la cercanía con otra propiedad de la familia, fue determinante para su elección.

El nombre de la residencia sintetiza las premisas que orientaron su concepción. Más que una vivienda de veraneo, el proyecto representa la reconexión de la familia con un lugar que desde hace generaciones forma parte de su historia afectiva. Trancoso siempre ha sido un destino de encuentro y permanencia para diferentes generaciones de la familia, y la arquitectura surge como la materialización de ese vínculo.
Al mismo tiempo, el concepto de raíces orienta la relación de la construcción con el contexto local, expresando el deseo de crear una arquitectura profundamente conectada con el paisaje, el clima, la vegetación existente, los materiales y los saberes constructivos de la región.

La implantación parte del deseo de interferir lo mínimo posible en el entorno natural. En lugar de imponer una geometría al paisaje, la arquitectura se diseñó a su alrededor, preservando las especies nativas e incorporándolas a la experiencia cotidiana del hogar. El proyecto se organiza en cuatro bloques independientes, distribuidos a lo largo del terreno de acuerdo con sus funciones y relaciones con el entorno.
Cerca del acceso principal se encuentra la vivienda del casero, con 205 m², responsable de albergar todas las funciones de apoyo necesarias para el funcionamiento de la propiedad. El bloque principal, con 900 m², ocupa la porción del lote orientada hacia el mar y concentra los espacios de convivencia y el área íntima de la familia.

En él se distribuyen cuatro suites, incluida la suite principal, además de la cocina, el área de servicio, los baños sociales, la sala de estar y el espacio gourmet. Complementando el conjunto, el bloque de gimnasio y spa, con 163 m², establece la conexión con el bloque de huéspedes, que cuenta con 206 m² y alberga tres suites independientes y un área social completa con sala y cocina.
La composición arquitectónica se caracteriza por líneas horizontales y volumetrías bajas que acompañan la línea del horizonte. La elección de una arquitectura de diseño contenido busca poner en valor el paisaje existente, evitando cualquier gesto que compita visualmente con el mar o con la selva. En el exterior, la fachada en tono verde musgo contribuye a diluir la presencia de la construcción entre la vegetación nativa, reforzando la intención de integrar la arquitectura al entorno.

Elevado respecto al nivel natural del terreno y con acceso mediante una escalera, el bloque principal se presenta de manera discreta entre la vegetación. Grandes puertas de madera recuperadas de antiguas construcciones de la región marcan la llegada e introducen uno de los conceptos centrales del proyecto: la arquitectura como una secuencia de recorridos permeados por la naturaleza.

Al cruzar la entrada principal, el visitante recorre una serie de jardines internos que estructuran la organización de la residencia. A diferencia de los patios convencionales, estos espacios permanecen totalmente abiertos al cielo y se diseñaron a partir de la preservación de la vegetación existente.
En muchos casos, la arquitectura se moldeó alrededor de los árboles ya presentes en el terreno, permitiendo que la naturaleza conservara su protagonismo. La lluvia, el viento, la luz y los cambios estacionales participan activamente en la experiencia del hogar, disolviendo los límites entre el interior y el exterior.

Suspendida en relación con el suelo, la construcción permite que los jardines permanezcan en un nivel inferior al de las áreas internas.
Las circulaciones se realizan a través de pasarelas ejecutadas con antiguos durmientes ferroviarios recuperados, que atraviesan los patios con vegetación y refuerzan la sensación de caminar sobre el paisaje.
Más que simples elementos de circulación, estos recorridos transforman el desplazamiento cotidiano en una experiencia permanente de contacto con el entorno natural.
Tras el jardín principal, el área social se abre por completo hacia el horizonte mediante grandes ventanales de vidrio que se pueden ocultar en su totalidad. Al abrirse, eliminan cualquier barrera física entre los ambientes internos y el paisaje, permitiendo que la sala, la terraza, la piscina y el océano se perciban como una única secuencia espacial.

La piscina acompaña longitudinalmente al bloque principal y fue concebida para surgir bajo la propia estructura de la residencia, creando la sensación de que la propiedad flota sobre el agua. Su extensión refuerza visualmente la continuidad entre la arquitectura y el mar. Para acceder al jardín frontal y contemplar directamente el horizonte, el recorrido se realiza sobre escalones ejecutados con durmientes de tren recuperados, que parecen flotar sobre la superficie del agua.

Todos los bloques comparten el mismo lenguaje arquitectónico, caracterizado por amplios aleros, materialidad natural y soluciones pasivas de confort ambiental. Los aleros dobles, revestidos con plafones de puntas de eucalipto, desempeñan un papel fundamental en la protección solar y permiten la amplia apertura de las fachadas sin comprometer el desempeño climático de la residencia.
Uno de los elementos más singulares del proyecto es su cubierta translúcida, que supera los 1.000 m² de superficie. En las áreas de estar y en las circulaciones internas del bloque principal, el cielo de varas de biriba no tiene una losa encima. En su lugar, una amplia cubierta de vidrio establece una relación directa entre la arquitectura y el cielo.

A lo largo del día, la luz natural atraviesa la estructura y proyecta sombras en constante transformación sobre los ambientes. Por la noche, la presencia de la luna y las estrellas pasa a integrar la experiencia de los espacios, haciendo que la percepción del paso del tiempo sea parte de la propia arquitectura.
Además de su desempeño espacial y ambiental, el techo de biriba aporta una dimensión simbólica importante para el proyecto. Su diseño remite a las raíces de los árboles de la Mata Atlántica presentes en el terreno, reforzando el concepto que da nombre a la residencia. Así como las raíces conectan la vegetación al suelo, la arquitectura busca establecer una relación de pertenencia con el lugar, creando una construcción que parece emerger naturalmente del paisaje.

Para viabilizar esta solución en un clima tropical, la cubierta se ejecutó con vidrio Habitat de alto rendimiento, capaz de reducir significativamente la transmisión de calor y bloquear prácticamente toda la radiación ultravioleta. Complementando esta estrategia, un sistema automatizado de riego sobre la cubierta ayuda a enfriar la superficie durante los períodos más cálidos del año, contribuyendo al confort térmico de los ambientes.
La materialidad de Casa Raízes refuerza su conexión con el territorio. Pisos, revestimientos y elementos constructivos incorporan maderas de demolición recuperadas en la propia región, trayendo consigo las marcas del tiempo y de la historia local.
Puertas antiguas, herrajes recuperados, mobiliario restaurado y piezas artesanales producidas por artistas y artesanos/as de Trancoso añaden nuevas capas de significado a la arquitectura.
En algunos puntos de la residencia, antiguas rejas de hierro provenientes de haciendas del interior de Bahía se reinterpretaron como elementos calados, funcionando como celosías contemporáneas. Además de filtrar la luz natural y favorecer la ventilación, estos elementos incorporan a la construcción fragmentos de la memoria material del territorio.

Más que ocupar un terreno privilegiado, Casa Raízes busca establecer una relación de pertenencia con él. Su arquitectura no busca el protagonismo sobre el paisaje, sino actuar como una extensión de este: una construcción donde la vegetación, la luz, el viento, la lluvia, la memoria y el tiempo se convierten en partes indisolubles de la experiencia de habitar.
FICHA TÉCNICA
Arquitectura: Studio Gontijo Arquitetura.
Ubicación: Trancoso, Brasil.
Año: 2025.
Área: 1474 metros cuadrados.
Fotografía: André Klotz.


























