Fotografía| A24
Jodie Comer lleva años probando que no existe un molde que la contenga. Primero fue Villanelle, la asesina con gusto inmaculado que partió en dos la historia de las series televisivas. Después, Sister Brigid: una priora medieval que cura las heridas del hombre que destruyó su familia. En The Death of Robin Hood, el nuevo thriller de A24 dirigido por Michael Sarnoski, Comer demuestra una vez más que está jugando en una liga propia.
UNA LEYENDA QUE SE CAYÓ DEL PEDESTAL
El Robin Hood de la tradición popular —el ladrón bueno, el héroe del pueblo— no existe en la película de Sarnoski. Lo que hay es un hombre viejo, herido y perseguido, cargando con décadas de violencia y crímenes reales. Hugh Jackman interpreta al proscrito en sus últimos días, lejos del romanticismo y cerca del agotamiento moral. La película, basada en el balad medieval anónimo Robin Hood’s Death, lo muestra enfrentando un pasado de asesinatos que el mito siempre intentó maquillar.
La propuesta de Sarnoski —el mismo director de Pig y A Quiet Place: Day One— es arriesgada: quitarle la épica al personaje más épico de la literatura inglesa y devolverlo a una escala humana, oscura, con consecuencias morales reales. El resultado es divisivo: 69% en Rotten Tomatoes, 57 en Metacritic y un C+ en CinemaScore. Pero lo divisivo, cuando viene acompañado de actuaciones de ese nivel, suele envejecer bien.
EL PERSONAJE QUE MEJOR LE QUEDA A COMER
El papel de Sister Brigid es uno de los más complejos que Jodie Comer tuvo que resolver. No es una víctima ni una vengadora: es una mujer que eligió la vida religiosa después de que Robin Hood asesinara a su marido y sus hijos, y que ahora lo tiene herido e indefenso bajo su cuidado. La tensión que esa situación genera —sanar al responsable de tu propia destrucción— es el corazón dramático de la película, y Comer la sostiene con una calma que asusta.
La actriz de Liverpool habló con Collider sobre cómo Killing Eve fue la bisagra de su carrera, el rol que la catapultó internacionalmente y que todavía genera debates sobre cómo terminó. Más allá de cualquier discusión sobre el final de esa serie, lo que quedó claro con el tiempo es que Villanelle le demostró al mundo que Comer podía llevar sobre sus hombros una producción entera. Sister Brigid es otro capítulo de esa misma demostración, pero en un registro completamente distinto.
POR QUÉ VALE LA PENA SEGUIRLE EL RASTRO
El elenco de The Death of Robin Hood es notable: además de Jackman y Comer, están Bill Skarsgård como Little John —el compañero más leal del proscrito— y Murray Bartlett en un papel enigmático. La película se filmó en Irlanda del Norte con fotografía en 35 mm, lo que refuerza la textura medieval y la oscuridad de la propuesta. Tuvo su premiere mundial en el Festival de Sydney y llegó a los cines norteamericanos el 19 de junio distribuida por A24, el sello que convirtió el cine de autor en un fenómeno de masas.
Con un presupuesto de apenas 20 millones de dólares, The Death of Robin Hood no está diseñada para romper récords de taquilla. Está diseñada para quedarse. Y Jodie Comer, que en los últimos años acumuló el Premio Olivier de teatro con Prima Facie y apariciones en proyectos cada vez más ambiciosos, es hoy una de las pocas actrices capaces de convertir una película difícil en una experiencia que valga la pena buscar. Habrá que ver cuándo llega a estas latitudes, pero ya es razón suficiente para tenerla en el radar.

























