Fotografía| Pixar / Walt Disney Studios
Tres décadas después del primer Woody y Buzz, Pixar acaba de estrenar Toy Story 5 en los cines del mundo y, por primera vez en la historia de la saga, la pregunta no es si los juguetes pueden ser fieles a su dueño, sino si los juguetes siguen siendo relevantes.
La quinta entrega llega con una propuesta que pega fuerte y un final que, sin exagerar, reescribe todo lo que creíamos saber de esta franquicia. Para quienes crecimos con la primera película en los noventa, ver cómo la saga lidia hoy con algoritmos y tablets resulta tan familiar como incómodo.
LA PANTALLA SE COMIÓ EL JUEGO
Bonnie tiene 8 años y ya no juega con sus juguetes. No porque los haya abandonado por crecer, sino porque sus padres le regalaron una tablet llamada Lilypad —con la voz de Greta Lee— que le promete amigas en segundos y entretenimiento sin límites.
Jessie, que en entregas anteriores era personaje secundario, ocupa ahora el rol protagónico: es ella quien lidera la resistencia ante el avance tecnológico, quien sale al mundo a resolver el problema y quien intenta que Bonnie recuerde qué significa jugar de verdad.
El director Andrew Stanton —el mismo de Wall-E y Buscando a Nemo— construye una metáfora precisa sobre el tiempo de pantalla y la amistad real que no cae en la trampa de demonizar la tecnología. Lilypad no es una villana de manual: es un dispositivo que hace exactamente lo que fue programado para hacer.
El problema es otro, más grande y más humano. Que los pibes ya no juegan con juguetes no es culpa de la tablet; es el síntoma de algo que la sociedad todavía no terminó de procesar.
JESSIE AL FRENTE Y UN FINAL QUE LO CAMBIA TODO
El desplazamiento de Woody como protagonista es, en sí mismo, una declaración. Tom Hanks vuelve a darle voz a un cowboy con algunas canas digitales —literalmente: el modelo tiene el pelo parcialmente desteñido— y su presencia es más la de un mentor veterano que la de un héroe activo. Joan Cusack, que lleva décadas en el rol de Jessie, entrega su mejor trabajo en la saga. No hay desgaste: hay una actriz y un personaje que finalmente tuvieron el espacio que se merecían.
El final no apuesta por el golpe emocional de despedida de Toy Story 3, sino por algo más sutil: la redención de la tecnología, una boda entre juguetes que hay que ver para creer y la confirmación de que la franquicia encontró cómo seguir existiendo sin necesitar más traumas. Buzz y Jessie se comprometen. Woody vuelve a Bo Peep. Lilypad se convierte en parte del grupo. Es un cierre que deja la puerta abierta sin forzar nada, y que resignifica qué puede ser una historia de juguetes en 2026.
UN ELENCO QUE NO PARA DE SORPRENDER
Además del regreso de Keanu Reeves como Duke Caboom, la película suma nombres que no esperabas en los créditos de Pixar. Bad Bunny pone la voz a Pizza with Sunglasses —sí, un personaje que es exactamente lo que su nombre dice— y Conan O’Brien da vida a Smarty Pants, un juguete tecnológico de la vieja guardia con crisis existencial incluida. La sorpresa musical la pone Taylor Swift, que compuso junto a Jack Antonoff la canción «I Knew It, I Knew You» para el personaje de Jessie.
La canción llegó al número uno del Billboard Global 200, el primero de ese tipo para Disney y Pixar, y le da a la película una capa emocional que cierra perfecto con lo que la historia quiere contar.
Toy Story 5 no pretende superar a la tercera entrega —eso sería imposible— pero sí plantea una pregunta que le habla directo a esta generación: ¿qué perdemos cuando dejamos de jugar? La respuesta de Pixar, como siempre, está en los detalles. Está en Jessie encontrando su nombre grabado en un árbol. Está en los Buzz volando en formación. Está, quizás, en que ninguna tablet puede reemplazar eso.


























