Taylor Swift enfrenta una demanda por infracción de marca registrada que pocos esperaban. Maren Wade, una artista independiente de Las Vegas, llevó a la cantante y a UMG Recordings a un tribunal federal de California argumentando que el nombre del último álbum de la estrella del pop pisa directamente una marca que ella registró hace más de diez años.
DOCE AÑOS DE MARCA PROPIA
Desde 2014, Wade construyó un proyecto llamado Confessions of a Showgirl: comenzó como una columna en el Las Vegas Weekly, creció como podcast y terminó convirtiéndose en un espectáculo en vivo con música pop y jazz. Doce años de trabajo acumulado bajo un nombre registrado legalmente.
Cuando Swift lanzó su décimo segundo álbum —The Life of a Showgirl— el panorama cambió de manera inmediata para Wade. El nombre de su proyecto empezó a diluirse en el ruido mediático generado por uno de los lanzamientos más esperados de la industria. Los consumidores comenzaron a asociar el término «showgirl» exclusivamente con la megaestrella, borrando años de reconocimiento construido desde cero.
LA OFICINA DE PATENTES YA HABÍA DICHO QUE NO
Uno de los datos más llamativos del caso es que la propia Oficina de Patentes y Marcas Registradas de Estados Unidos le negó a Swift el registro de ese título. La razón fue directa: demasiada similitud con la marca preexistente de Wade. Ambos nombres comparten la frase «of a Showgirl» y se aplican a producciones musicales y teatrales con audiencias similares.
Aun así, el álbum salió igual, con todo su aparato comercial detrás. En cuestión de semanas, el nombre apareció en merchandise, packaging y canales de venta globales. La demanda señala que no fue un paso en silencio, sino una ocupación a escala masiva del espacio que Wade había edificado durante más de una década.
EL GIRO QUE NADIE ESPERABA
La ironía del caso tiene volumen propio. Taylor Swift es, en la industria musical, una figura emblemática cuando se habla de propiedad intelectual. Tiene más de 170 registros activos o en proceso —nombres, frases, referencias a sus canciones— administrados desde TAS Rights Management y Bravado. En muchos debates sobre marcas en el mundo del entretenimiento, su nombre aparece como ejemplo de protección maximalista.
Ahora está del otro lado. El argumento de Wade es simple y potente: una artista que invirtió doce años construyendo una marca no debería ver cómo desaparece porque llegó alguien más grande. Su abogada, Jaymie Parkinnen, fue directa: el tamaño de la estrella no puede ser un argumento legal para desplazar a quien llegó primero.
QUÉ PUEDE PASAR AHORA
La demanda pide daños económicos sin monto especificado y una orden judicial para que Swift deje de utilizar el nombre del álbum. La cantante, que no emitió declaraciones, tiene dos caminos posibles: llegar a un acuerdo con Wade —que podría incluir una compensación económica— o pelear el caso en los tribunales.
Por primera vez en mucho tiempo, la conversación sobre marcas en la música pop no gira en torno a lo que Taylor Swift protege. Gira en torno a lo que, según la justicia, quizás no debería haber tomado.

























