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Contrastes milenarios. Marruecos, una encrucijada entre Europa y África

Marruecos está bordeada por las aguas del Mediterráneo y abierta a la inmensidad del Atlántico. Es el «país del lejano poniente», un destino con dos milenios de historia que vale la pena descubrir.

En estas tierras podrás descubrir los vestigios de las mayores civilizaciones mediterráneas: al norte del país se alzan las ruinas romanas de Volubilis; en Rabat, algunos restos arquitectónicos son testigos de la antigua presencia francesa.

Los tesoros de las civilizaciones musulmanas se encuentran por doquier a la espera de que los descubra: la Kasbah de los Oudayas, las verdes extensiones de los jardines de la Menara…en todo el país existen ejemplos de la liberalidad de las dinastías que se fueron sucediendo.

Los paisajes tampoco se quedan atrás. Tanto en la costa como en la montaña, con su territorio expuesto a toda la variedad de climas mediterráneos y a las puertas del Sáhara, Marruecos ofrece unas magníficas panorámicas para deleitarse y que se disfrutan recorriendo.

Es un destino selecto que combina variados y encantadores paisajes con las riquezas de una cultura heterogénea.

Marruecos es un país milenario, heredero de siglos de tradición. Sin embargo, en este país no hay nada prefijado. Su cultura está viva y la encarnan día tras día los pequeños gestos cotidianos, las fiestas, los rituales y las costumbres. Alojarse un tiempo allí significa impregnarse de sus costumbres, de su paz y su arte de vivir.

En todas las ciudades y pueblos, hay las callecitas estrechas en sus cascos antiguos. Allí, es posible entra en contacto con los habitantes locales y charlar con ellos. Seguro que algún marroquí te invita a compartir un té verde con menta: allí todo es ceremonioso y reina la hospitalidad.

IMPERDIBLES

Chefchaouen, la ciudad azul. Es una pequeña ciudad ubicada al noroeste de Marruecos y es uno de los destinos más pintorescos ya que todas las construcciones del lugar son de un color azul inmaculado.

Gargantas de Todra y Dades. Con sus paredes de piedra que alcanzan los 300 metros de altura, es un destino predilecto para los amantes de la escalada.

Medina de Fez. Es un verdadero salto en el tiempo. Nada de autos, ni edificios altos, ni olor a humo ni asfalto. Por sus más de 9 mil calles se mueven caóticamente vendedores ambulantes, ancianos y burros de carga; al ritmo propio de la ciudad de callejones y pasadizos.

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