Fotografía | Julien Lanoo
Durante cinco años, uno de los edificios más icónicos de la arquitectura contemporánea quedará en pausa. El Centro Pompidou, símbolo indiscutido de la París cultural y experimental, cerrará sus puertas para atravesar la mayor renovación de su historia.
No se trata solo de una actualización técnica: el proyecto busca repensar completamente cómo se vive, se recorre y se comparte el Pompidou en el siglo XXI.
Diseñado en 1971 por Renzo Piano y Richard Rogers como una “máquina cultural viva”, el Pompidou cambió para siempre la idea de museo. Hoy, más de cincuenta años después, vuelve a ponerse en discusión a sí mismo.
UNA RENOVACIÓN PROFUNDA, NO SOLO ESTÉTICA
Tras un concurso internacional, la transformación fue confiada al estudio japonés-francés Moreau Kusunoki, en asociación con Frida Escobedo Studio y con AIA Life Designers a cargo de los aspectos técnicos.
El proyecto fue impulsado por el Ministerio de Cultura de Francia y comenzó a gestarse en 2020, cuando se detectaron problemas estructurales y ambientales imposibles de seguir postergando.
Entre las intervenciones más urgentes aparecen la eliminación total del asbesto en las fachadas, la actualización de los sistemas contra incendios, la mejora de la accesibilidad universal y una fuerte optimización energética.
El objetivo es claro: que el Pompidou sea más seguro, más eficiente, más inclusivo y más sustentable, sin perder su espíritu provocador.
Las obras implicarán el cierre completo del complejo Beaubourg, con una reapertura prevista para 2030.

REPENSAR EL RECORRIDO, NO SOLO EL EDIFICIO
Uno de los ejes más interesantes del proyecto no está en lo técnico, sino en lo espacial y cultural.
La renovación propone una nueva lógica de circulación, más clara, fluida y abierta, que facilite el encuentro entre disciplinas, públicos y formatos.
Se reconfiguran zonas clave como la Piazza, el Forum y el Ágora, que dejarán de ser solo espacios de paso para convertirse en verdaderos lugares de interacción social. El Pompidou quiere ser menos monumento y más plaza pública.
También se expandirá y transformará la Biblioteca Pública de Información (Bpi), que pasará a funcionar como un entorno flexible donde convivan lectura, exhibiciones, investigación y vida social. A esto se suma la creación del espacio “Nueva Generación”, pensado específicamente para públicos jóvenes, con una lógica más lúdica, inclusiva y participativa.
Las salas de exhibición se actualizarán con nuevos criterios escenográficos y se incorporará una terraza en la azotea que ofrecerá vistas panorámicas sobre París, sumando una nueva experiencia urbana al recorrido cultural.
UN POMPIDOU MÁS VERDE Y CIRCULAR
Desde el punto de vista ambiental, la intervención apunta a transformar al edificio en un modelo de bajo impacto, alineado con objetivos de bajo carbono y economía circular.
Se reemplazarán fachadas, se reforzará la estructura y se modernizarán los sistemas de energía, climatización, seguridad y accesibilidad. Pero además se hará un fuerte énfasis en la reutilización de materiales, el reaprovechamiento de mobiliario existente y el uso de componentes reciclables.
No es solo una renovación: es una reinterpretación del edificio desde una ética contemporánea, donde la arquitectura ya no se mide solo por su forma, sino por su impacto.
UNA INSTITUCIÓN QUE NO SE DETIENE
Aunque el edificio cierre, el Pompidou no desaparece. A través del programa “Constelación”, sus actividades continuarán en sedes asociadas dentro y fuera de Francia.
Además, en 2026 abrirá el Centro Pompidou Francilien – Fabrique de l’Art en Massy, una nueva plataforma dedicada a la creación, producción y conservación artística.
La idea es que el Pompidou deje de ser un solo lugar para convertirse en una red cultural activa, distribuida y conectada.
ARQUITECTURA GLOBAL, MIRADA CONTEMPORÁNEA
La elección del equipo no es casual. Moreau Kusunoki está detrás de proyectos como el Powerhouse Parramatta en Australia y propuestas como una torre de madera de 50 metros en París o el concurso para el Guggenheim de Helsinki. Frida Escobedo, por su parte, lidera la nueva ala de arte moderno y contemporáneo del Metropolitan Museum de Nueva York.
Ambos representan una arquitectura que combina rigor, sensibilidad urbana y mirada cultural, algo que el Pompidou necesita para no convertirse en una reliquia de sí mismo.
UN ÍCONO QUE ACEPTA CAMBIAR
El Pompidou nació como una provocación. Hoy, su renovación es otra forma de provocación: aceptar que incluso los íconos necesitan transformarse para seguir siendo relevantes.
En 2030, el Centro Pompidou promete reabrir no como un museo restaurado, sino como una plataforma cultural más abierta, más accesible, más sostenible y más conectada con su tiempo. No para dejar de ser lo que fue, sino para seguir siendo, una vez más, lo que viene.


























