Fotografía |Netflix
Dos policías federales. Un control de tránsito de rutina. El criminal más buscado del mundo al otro lado de la ventanilla. Con esa premisa tan simple como imposible, Facing El Chapo llegó a Netflix a fines de agosto y en menos de tres semanas acumula más de 45 millones de reproducciones a nivel global. No es casualidad: es una película que sabe exactamente adónde apuntar.
EL DILEMA QUE TE DEJA SIN AIRE
La historia de Facing El Chapo está inspirada en un hecho real que, durante años, circuló apenas como rumor en los círculos periodísticos: dos agentes de la Policía Federal mexicana se toparon de pura casualidad con Joaquín «El Chapo» Guzmán durante un operativo que no tenía absolutamente nada que ver con él. Lo que siguió fue uno de los momentos más tensos y moralmente complejos de la historia criminal latinoamericana reciente.
El director Chava Cartas, conocido por Contraataque, y el guionista Bernardo Esquinca construyeron a partir de eso un thriller que funciona como un reloj suizo: la disyuntiva que enfrentan los dos protagonistas —entregás al capo más poderoso del narco mundial y te jugás la vida entera, o aceptás una oferta millonaria y lo dejás ir— es tan brutal en su simpleza que resulta imposible no preguntarse qué harías vos en su lugar. Esa pregunta incómoda es el corazón del film, y la película nunca te da una respuesta fácil.
EL SUCESOR QUE NETFLIX ESPERABA
Desde que Narcos terminó su ciclo con el capítulo de Pablo Escobar, la plataforma probó distintas fórmulas para replicar ese fenómeno. Hubo intentos más o menos logrados, pero ninguno consiguió esa mezcla de veracidad histórica, tensión cinematográfica y personajes que te importan genuinamente. Facing El Chapo parece haber dado con la combinación correcta.
La dupla protagónica formada por Alfonso Herrera y Noé Hernández es uno de los pilares del éxito. Herrera, que viene de trabajar en producciones de alto perfil tanto en México como en España, aporta una fragilidad contenida que hace que cada decisión de su personaje se sienta real. Hernández, más conocido en el circuito de cine de autor latinoamericano, equilibra la ecuación con una presencia física imponente que recuerda que detrás del dilema moral hay cuerpos en juego, y que las consecuencias son de carne y hueso.
El resultado es un film de 91 minutos que se pasa en un parpadeo y que, según los números de Netflix, atrajo a audiencias de todo el mundo —no solo de habla hispana. La plataforma confirmó que las primeras 24 horas posicionaron la película en el top 10 de más de 70 países.
POR QUÉ ESTE MOMENTO, POR QUÉ ESTA HISTORIA
El timing no es menor. La figura de El Chapo sigue generando fascinación global: entre documentales, podcasts, juicios televisados y series de ficción, Joaquín Guzmán se convirtió en un símbolo que trasciende su propia historia criminal para convertirse en algo más difuso y perturbador, casi mítico. Pero Facing El Chapo elige un ángulo inteligente: no lo pone en el centro. El Chapo aparece como una fuerza de la naturaleza, un agujero negro gravitacional alrededor del cual giran las vidas de dos personas comunes que, de repente, tienen que tomar una decisión que los define para siempre.
Esa decisión de correrse del personaje conocido para enfocarse en los desconocidos es, probablemente, lo que diferencia a esta película de los intentos anteriores. No necesitás saber nada sobre el narco mexicano para entender lo que está en juego. Alcanza con ser humano.
Con 45 millones de reproducciones y subiendo, Netflix tiene entre manos algo que buscó durante años: un thriller latinoamericano con vocación universal. La pregunta ahora es si esto es un fenómeno aislado o el inicio de una nueva apuesta sostenida de la plataforma por el cine de género en español. Por el momento, Facing El Chapo da sobrados argumentos para el optimismo.


























