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Cada 20 años. El santuario sagrado de Japón que se destruye y renace

El santuario Ise Jingu vive su ciclo de reconstrucción cada 20 años

Fotografía| Alamy Stock Photo
El santuario Ise Jingu, el más sagrado de Japón, vive en este momento un evento que ocurre apenas una vez por generación: la demolición y reconstrucción completa de sus 125 edificios. Llamado Shikinen Sengu, este ritual milenario se repite cada 20 años, y su ciclo actual —el 63.°— comenzó en 2025 y se extiende hasta 2033. Para quienes sueñan con viajar a Japón, el momento es ahora.

EL SANTUARIO QUE VIVE EN EL BOSQUE

Escondido entre cedros milenarios en la península de Shima, en la prefectura de Mie, a horas de Tokio y Kioto, Ise Jingu no deslumbra a primera vista. Sus edificios son austeros, sin el oro de Kinkaku-ji ni los miles de torii rojos de Fushimi Inari. Los visitantes ni siquiera pueden ingresar a los santuarios principales: apenas los atisban a través de vallas de madera. Y sin embargo, es el lugar más venerado de todo Japón.

El complejo nació hace unos 2.000 años, vinculado a la diosa del sol Amaterasu, figura central del panteón sintoísta. Está formado por dos grandes santuarios —el Naikū (Santuario Interior) y el Gekū (Santuario Exterior)— y abarca 125 estructuras dispersas sobre una superficie equivalente al centro de París. Hoy recibe cerca de ocho millones de visitantes por año.

UN RITUAL DE 1.300 AÑOS

El Shikinen Sengu no es una demolición: es un rejuvenecimiento. El ciclo más reciente arrancó en mayo de 2025 con el corte ceremonial de cipreses en los bosques sagrados, y culminará en 2033 cuando el espejo sagrado —uno de los tres tesoros imperiales de Japón— sea trasladado al nuevo santuario recién construido. En ese momento, los edificios anteriores serán desmontados: sus materiales se reutilizan como puertas torii o se distribuyen entre santuarios de todo el país.

La lógica es profunda: cada vez que el santuario se reconstruye, más de 2.000 artesanos deben aprender y transmitir técnicas ancestrales de carpintería, cerámica y textil. Si no hubiera reconstrucción, esas habilidades se perderían para siempre. El resultado es un templo que parece idéntico al de hace 1.300 años, pero que está hecho de materiales nuevos y fue construido con manos frescas. La eternidad, en este caso, se logra a través del cambio constante.

VERANO 2026: EL MOMENTO IDEAL PARA IR

Este año, algunas de las ceremonias más espectaculares y accesibles del ciclo tendrán lugar entre mayo y agosto. El Festival Okihiki convoca a cientos de personas que arrastran enormes troncos de ciprés entre cantos y gritos rituales. Para el Santuario Interior, los troncos serán flotados por el río Isuzu entre el 9 de mayo y el 13 de junio. Para el Santuario Exterior, serán trasladados en carros por las calles de la ciudad de Ise del 25 de julio al 2 de agosto.

Quienes lleguen fuera de esas fechas pueden visitar el Museo Sengūkan, junto al Santuario Exterior, donde modelos, películas y exhibiciones explican el significado del ritual con un nivel de detalle que vale la visita por sí solo.

CÓMO LLEGAR Y QUÉ PROBAR

Ise queda en la prefectura de Mie, a unas dos horas y media en tren desde Tokio o dos horas desde Kioto. Vale la pena llegar con tiempo: frente al Santuario Interior, la calle adoquinada Oharaimachi concentra tiendas y restaurantes que llevan siglos atendiendo peregrinos. Entre ellos, la casa de té Akafuku, con más de 300 años de historia, y varios locales donde probar los fideos Ise udon —más gruesos y sustanciosos que los habituales— y el sake Okagesama, elaborado con agua subterránea del río Isuzu.

La hospitalidad que los locales practicaban con los viajeros —ofreciendo comida y alojamiento gratuito a los peregrinos— dio origen al concepto japonés de omotenashi: la bienvenida desinteresada. Quien llega a Ise no va solo a ver un santuario. Va a entender algo de fondo sobre el alma japonesa.