Fotografía | Vans
En 2024, la moda descubrió una obsesión: convertir lo ordinario en extraordinario con pedrería y brillos. Mientras marcas gigantes pasaban por la tendencia con éxito irregular, un diseñador italiano llamado Mattias Gollin emergió como uno de los referentes del movimiento que está recomponiendo la idea de las zapatillas personalizadas.
Gollin no hace ropa al azar ni busca viral barato. Viene de Marche, la región italiana legendaria por fabricación de calzado, con formación seria en diseño de moda. Empezó a trabajar con colectivos de diseño y colaboró en proyectos de alto calibre: el mule de California de Fear of God, la Brutal Boot de MSCHF. Pero fue la obsesión con las Vans Slip-Ons lo que lo catapultó.
PERLAS, CRISTALES Y SNEAKERS COMO ARTE
Gollin toma siluetas icónicas —Vans, Timberlands, Moon Boots— y las cubre con miles de perlas y cristales colocados a mano. Una Vans Authentic que customizó llevaba dos mil gemas. Los Timberlands que diseñó incluyeron una jaula removible y detalle de perlas. Nada de esto es improvisación: es arquitectura visual pura.
Gollin ama la idea de convertir zapatos icónicos en joyas, transformar productos del día a día en items de alta gama. Lo que comenzó hace seis años con un custom para Gucci evolucionó en una estética recognizable: tomar lo mundano y elevarlo sin piedad. Para él, la belleza está en convertir lo cotidiano en lujo.
DE CUSTOMIZER A DISEÑADOR INDEPENDIENTE
Su vínculo con Vans arrancó orgánico en 2024: alguien del equipo lo contactó para «experimentar con pares». Gollin compartió lo que hizo con las Slip-Ons checkerboard y la comunidad estalló pidiendo el producto. Dos años después, seguían colaborando y evolucionando juntos.
Para su más reciente proyecto —presentado en Paris Fashion Week Men’s SS27— Gollin reinterpretó Slip-Ons estrellados en azul y rojo. Esta vez fue selectivo: en lugar de saturar de gemas, eligió dónde colocar cada detalle. La razón es práctica: las perlas y cristales se caen con el uso. Ese constraint se convirtió en evolución estética.
Para Gollin, la credibilidad es clave. Momentos como Paris Fashion Week le dan la plataforma correcta para posicionarse. Y está convencido: hay muchísimo espacio para diseñadores emergentes que construyan visión propia y no dependan de virales pasajeros.
CELEBRITIES Y UN MOVIMIENTO MÁS GRANDE
Drake ya usa sus diseños. También Kai Cenat, Quavo, Young Thug, Lamine Yamal, Michael Olise. Todos parte de una constelación de figuras que abrazan la idea de que los zapatos pueden ser más que funcionales. Odell Beckham Jr., Vinicius Jr., cada uno alimentando el movimiento.
Eso inspiró a Gollin a expandirse: sus fans pedían outfits completos. Comenzó con shorts camuflados con la misma técnica de cristales. Una campera de cuero inspirada en la legendaria pieza H&M x Margiela de 2012. La demanda orgánica lo empujó a ser más que un customizer.
Lo que busca ahora es evolucionar: dejar la etiqueta de «viral» para construir una marca con visión clara. Su objetivo es que cuando mencionen su nombre, aparezca un arquetipo visual tan definido como el de cualquier referente del diseño contemporáneo.
Su próxima etapa es clara: construir una marca propia. La gente quiere ver más cosas salidas de su visión, no solo customizaciones de productos existentes. Su plan es hacerlo bien, naturalmente, paso a paso. Sin apuros. Sin shortcuts.
La estética de Gollin no es furor pasajero: es síntoma de algo más grande. En el streetwear moderno, la personalización y el craftsmanship son atributos de culto. Las zapatillas personalizadas ya no son un lado B de la moda. Son protagonistas.


























