Fotografía| HBO
Con el sexto episodio de su tercera temporada, House of the Dragon entregó finalmente lo que el público venía exigiendo desde hace temporadas: la caída de uno de los personajes más odiados de Poniente. Y lo hizo sin edulcorantes.
LA MASACRE DEL CARNICERO
El episodio arranca directo al hueso con la batalla conocida como el «Butcher’s Ball» — la Pelota del Carnicero —, y el tono lo establece desde los primeros minutos: nadie merece un final glorioso en esta historia, ni siquiera quienes creían merecerlo.
Criston Cole, el Ser que traicionó a Rhaenyra hace décadas y pasó el resto de su vida pagando esa deuda con lealtades cada vez más comprometidas, encuentra su fin de una manera brutalmente adecuada: sin canciones, sin honor, con flechas y en el barro. Fabien Frankel logra transmitir, en un instante, toda la contradicción de un hombre que se creyó héroe hasta el último segundo. La escena es económica y devastadora a la vez.
Este momento era el que los fans de Fire & Blood, la novela de George R.R. Martin que sirve de base, llevaban años esperando. La serie tomó su tiempo — demasiado, dirán algunos — pero cuando llegó, no esquivó la crueldad inherente al relato. Punto para los guionistas.
RHAENYRA SE HUNDE, ORMUND FLOTA
Mientras tanto, en Desembarco del Rey, la reina legítima sigue demostrando que tiene serias dificultades para gobernar en tiempos de guerra. Emma D’Arcy construye una Rhaenyra cada vez más encerrada en su propio mundo, incapaz de conectar con el pueblo que supuestamente defiende. El episodio la muestra distante, tomando decisiones cuestionables — como la de enviar a Alicent a asesinar a su propio hijo Aemond, un giro que desafía toda lógica narrativa — mientras la ciudad se le escurre de las manos.
En el otro extremo, James Norton como Ormund Hightower sigue siendo la gran revelación de esta temporada. Odioso, preciso, con una inteligencia política que contrasta con su arrogancia de clase, el personaje funciona como antagonista porque nunca es estúpido. Su lectura de la situación — que Rhaenyra no se atreverá a arrasar Tumbleton — es correcta, y eso lo hace más peligroso que cualquier dragón. La dinámica con Daeron y el recién llegado Gwayne Hightower aporta una de las escenas más ricas del episodio: tres hombres que saben exactamente en qué lío están metidos y no pueden hacer nada al respecto.
LO QUE FUNCIONA Y LO QUE NO
El episodio también avanza la historia de los «dragonseeds» — los jinetes de dragón de sangre bastarda —, y acá la serie muestra su mejor cara. La conversación entre Ulf y Hugh el Martillo tiene una humanidad genuina: son dos tipos que escalaron posiciones sociales pero no encontraron la felicidad prometida. La imagen de los dragones Vermithor y Silverwing juntos, con toda la historia que eso implica, es un regalo para los fans que conocen el lore.
Donde el episodio tropieza, lamentablemente, es en el trato a Alicent Hightower. Olivia Cooke hace lo que puede con un material que la empuja a decisiones cada vez más inverosímiles. La trama de mandarla a asesinar a Aemond se siente forzada y contradice el desarrollo cuidadoso del personaje en temporadas anteriores. Que la serie no encuentre qué hacer con uno de sus personajes más complejos es una de sus deudas más evidentes.
Aun así, con dos episodios por delante y la primera Batalla de Tumbleton en el horizonte, House of the Dragon llega al tramo final de su tercera entrega con suficiente tensión acumulada. Las muertes importan, las decisiones tienen consecuencias, y los dragones todavía vuelan. Por ahora, alcanza.

























