Por | Alvariño & Felipe Arquitectos | Fotografía | Nicolás Provoste
Casa Florinda comenzó con una duda: qué hacer con la antigua propiedad de tierra que permanecía en ruinas en el terreno que se había adquirido para construir la vivienda. Aunque los primeros planes suponían hacerla desaparecer, algo en su manera de pertenecer al lugar impedía hacerlo.

La decisión de conservarla acabó entrelazando dos dimensiones de la vida: habitar y hacer arquitectura. Así, la antigua construcción se convertiría en nuestro hogar y en el lugar donde se pondría a prueba las propias convicciones sobre la arquitectura.
El proyecto propone una intervención que pone en valor la arquitectura tradicional vernácula de las zonas rurales de la sierra ecuatoriana, construida con muros de tapia y cubierta de teja, e incorpora elementos contemporáneos capaces de adaptarla a las formas de habitar actuales.

Más allá de conservar la tierra o reutilizar la teja, se trataba de tomar partido por la lógica constructiva del lugar, de reconocer que quienes construyeron la vivienda sabían exactamente lo que hacían cuando la situaron en aquel altozano, evitando las dos corrientes de agua que descienden a ambos lados durante la época de lluvias. Cuando eligieron su orientación, abierta hacia el paisaje. O cuando determinaron el espesor de sus muros, garantizando el confort térmico necesario para el clima andino.

La rehabilitación de Casa Florinda parte de ese reconocimiento: la posición es correcta, la estructura tiene sentido y los materiales existen en el territorio.
La premisa fundamental de la propuesta fue, por tanto, conservar los muros originales de tierra y preservar su carácter de vivienda de campo, dotándola al mismo tiempo de nuevas condiciones para ser habitada: un interior más luminoso, amplio, mejor ventilado y funcional. Desde el exterior, presenta un lenguaje renovado que, mediante su geometría y pureza, busca posicionarse como un artefacto arquitectónico diferenciado de la naturaleza circundante.

Entre las acciones más significativas estuvo la demolición de un muro interior para ampliar la sala y convertirla en el espacio articulador del resto de los ambientes, manteniendo la estructura de tierra como parte esencial del lenguaje del proyecto. En la parte posterior se incorporó un nuevo volumen que concentra funciones inexistentes en la vivienda original, como el baño y la lavandería.
Esta ampliación se concibió deliberadamente más baja y estrecha que la construcción existente, estableciendo una clara jerarquía entre ambos cuerpos y evitando competir con el volumen original. De esta manera, lo nuevo se reconoce como una intervención contemporánea, pero mantiene una relación de subordinación y respeto hacia la preexistencia.

Se incorporaron además soluciones constructivas interiores livianas y en seco, como entrepisos metálicos sobre la cocina y el dormitorio, que permiten aprovechar la altura disponible sin comprometer los muros existentes. Al ingresar, se revelan superficies de tapia dejadas intencionadamente al desnudo, como testigos del tiempo y de la memoria del lugar.

En el interior, las paredes de tierra contrastan con superficies blancas que potencian la luz natural y crean una atmósfera serena y equilibrada, dando a Casa Florinda una nueva oportunidad de ser habitada.

FICHA TÉCNICA
Arquitectos: Alvariño & Felipe Arquitectos.
Ubicación: Loja, Ecuador.
Área del proyecto: 123 metros cuadrados.
Año del proyecto: 2026.
Fotografía: Nicolás Provoste.


























