Revista Deck. Arquitectura, diseño y decoración.
Inicio » ‘El tiempo de las moscas’. Amistad, crimen y segundas oportunidades en el nuevo thriller argentino de Netflix

‘El tiempo de las moscas’. Amistad, crimen y segundas oportunidades en el nuevo thriller argentino de Netflix

El tiempo de las moscas

Fotografía| @chenetflix
El tiempo de las moscas es la primera miniserie argentina que Netflix estrena en 2026 y, más que un policial o un thriller clásico, es una historia sobre vínculos, reconstrucción y segundas oportunidades. 

Protagonizada por Carla Peterson y Nancy Dupláa, la serie apuesta fuerte a la química entre sus actrices para contar el regreso a la vida “normal” de dos mujeres que salen de prisión y tratan —con más voluntad que certezas— de hacer las cosas bien.

Basada en las novelas El tiempo de las moscas y Tuya de Claudia Piñeiro, la ficción se mueve entre el suspenso, el humor negro, la crítica social y el retrato íntimo de una amistad femenina poco habitual en la televisión local. 

Y aunque no todo funciona con la misma precisión, hay algo que la serie logra con claridad: poner en primer plano una relación que se siente auténtica, compleja y profundamente humana.

El tiempo de las moscas

UNA AMISTAD QUE NACE DONDE TODO TERMINA

La historia arranca en la cárcel. Inés conoce a La Manca y le propone sumarse a un proyecto mínimo pero simbólico: armar una huerta. “Alguien que sepa cuidar”, dice. Ese gesto pequeño condensa todo lo que vendrá después: el cuidado como forma de vínculo, como manera de sobrevivir y también como posibilidad de empezar de nuevo.

Cuando salen en libertad, ambas rondan los cincuenta y tantos, están solas, heridas por la vida y cargan con un pasado que no se borra tan fácil. Lejos del relato épico de la redención, la serie se mete en algo mucho más incómodo: la fragilidad de quien quiere hacer las cosas bien, pero no siempre sabe cómo.

Esa relación es el verdadero corazón de El tiempo de las moscas. Más que la intriga policial, más que el misterio, más que el delito que amenaza con reaparecer, lo que sostiene la narración es esa alianza entre dos mujeres que se eligen cuando ya no tienen a nadie más.

DE THELMA Y LOUISE AL CONURBANO

Claudia Piñeiro definió el espíritu de la historia como una suerte de road movie femenina, una especie de Thelma y Louise versión conurbano. Y esa clave está muy presente: dos mujeres al volante, rutas, barrios cerrados, casas bajas, cumbia, cerveza, una camioneta desvencijada, un Renault 12 de colección y una moto que aparece como símbolo de libertad precaria.

Nancy Dupláa brilla en el papel de La Manca: chica de barrio, frontal, práctica, con una moral propia que no siempre coincide con la ley, pero sí con la idea de justicia. Carla Peterson sorprende con una transformación física y emocional que construye una Inés contenida, obsesiva, frágil y a la vez peligrosa cuando se siente acorralada.

La conexión entre ambas no es casual. Se conocen desde los años noventa y esa historia compartida se filtra en cada escena. Hay miradas, silencios y gestos que no parecen actuados, sino vividos. Y eso es, probablemente, el mayor logro de la serie.