Fotografía| Rasmus Hjortshoj / BIG
En esta sede corporativa en Dinamarca, BIG convirtió la arquitectura en un catálogo habitable. Madera, arcilla, corcho y fibras recicladas dejan de ser simples revestimientos para transformarse en la esencia misma del edificio.
El espacio de trabajo funciona como una demostración a escala real del conocimiento que Dymak —empresa especializada en materiales de construcción con más de 70 años de trayectoria— ha desarrollado a lo largo de su historia.

UN EDIFICIO QUE ES CATÁLOGO
La propuesta de BIG redefine la idea de showroom. En lugar de exhibir muestras en estanterías, el edificio entero se convierte en una experiencia inmersiva.
Sus 2.800 metros cuadrados están construidos con los mismos materiales que comercializa Dymak: madera laminada en los interiores, bloques de arcilla texturada en los muros y paneles de corcho y fibras de papel reciclado en los cielorrasos. Cada espacio invita a descubrir, tocar y experimentar cómo la arquitectura puede comunicar los valores de una empresa a través de su propia materialidad.

LA GEOMETRÍA AL SERVICIO DEL CLIMA
El techo ondulante no es capricho estético: responde a una estrategia bioclimática precisa. Se inclina hacia el norte para capturar vistas del bosque circundante, cascada hacia el sur para reducir ganancia solar y proteger del ruido del tráfico. En esa superficie curvada, BIG instaló 880 paneles fotovoltaicos personalizados, integrando la energía renovable como parte de la arquitectura, no como accesorio.
EL CORAZÓN VERDE DEL ESPACIO
En el centro, un patio circular plantado articula toda la vida cotidiana. Desde casi cualquier escritorio, ves el jardín. Ladrillos flotan entre la vegetación nativa. Mesetas generosas convocan reuniones espontáneas. El paisaje interior se convierte en anfiteatro natural donde la luz, el aire y la conexión humana son protagonistas tanto como los materiales.

CERTIFICACIÓN Y LEGADO
Dymak ya ganó certificaciones DGNB Gold, Heart y Diamond. Pero el verdadero logro es haber replanteado qué significa una sede corporativa. No es la oficina más innovadora por ser ‘inteligente’: lo es porque toca algo más profundo —la relación entre lo que fabricamos y cómo habitamos.


























