Para quienes tienen en agenda viajar a Bolivia en mayo, la oportunidad no podría ser más precisa: el inicio de la temporada seca transforma este país en un espectáculo sin igual. El Salar de Uyuni se vuelve accesible en toda su extensión, los cielos se limpian y la fauna del Amazonas se concentra alrededor de los espejos de agua. National Geographic lo ubica entre los mejores destinos del mundo para este mes, y sobran los motivos.
EL SALAR EN SU MOMENTO MÁS PURO
El Salar de Uyuni es uno de esos lugares que necesitan las condiciones exactas para revelar su magia. Mayo, con el inicio de la temporada seca, ofrece el escenario ideal: las salinas están transitables en su totalidad, lo que permite llegar a las islas que emergen en su interior, bañarse en aguas termales en los bordes del salar y encontrarse cara a cara con flamingos rosados en la Laguna Colorada. Las temperaturas en los Andes rondan los 13 a 18 grados —frescas pero amables— y el cielo despejado convierte cada amanecer en una postal imposible de olvidar.
El paisaje cercano también sorprende. La Montaña de los Siete Colores, en el desierto de Siloli, exhibe sus capas minerales con una claridad que solo se consigue en temporada seca. Es un destino que requiere tiempo y disposición para moverse lento: las alturas, que pueden superar los 3.600 metros sobre el nivel del mar, piden aclimatación.
LA PAZ, EL TITICACA Y LA PUNA
Mayo también es el momento perfecto para explorar La Paz, la capital más alta del mundo, con su mercado de brujas, su teleférico urbano y su gastronomía en constante evolución. Desde allí, una escapada al Lago Titicaca permite recorrer sus islas en barca y conocer comunidades que mantienen tradiciones centenarias. El lago, a más de 3.800 metros de altitud, tiene una luz particular en otoño que los fotógrafos conocen bien.
Para los amantes del senderismo, los Andes bolivianos en mayo son un regalo: sin lluvias, los senderos están en buen estado y las vistas no tienen competencia. El consejo local es sencillo pero importante: tomarse el tiempo necesario para aclimatarse antes de exigirle al cuerpo caminatas largas. El té de coca, presente en hoteles, restaurantes y mercados, es el remedio ancestral que los locales recomiendan para aliviar los síntomas del soroche.
EL AMAZONAS CON VIDA A FLOR DE AGUA
Al norte, el contraste no puede ser más dramático. Mientras los Andes reciben el sol seco de mayo, la selva amazónica boliviana entra en su mejor etapa para el avistamiento de fauna. Con los niveles del río en descenso, caimanes, carpinchos y monos ardilla se acercan a los bordes del agua en busca de alimento. Las excursiones de trekking en zonas como Pampas del Yacuma permiten observarlos a pocos metros, en uno de los contactos más directos con la naturaleza que ofrece Sudamérica.
La combinación de altiplano, salares y selva en un mismo viaje es lo que hace a Bolivia única en el mapa del turismo regional. No es el destino más fácil —las alturas piden respeto y la infraestructura varía—, pero quienes se dan el tiempo de explorarlo suelen volver con una sensación difícil de describir: la de haber visto algo que pocas personas han visto.
ANTES DE IR: DATOS CLAVE
Llevar efectivo es fundamental, especialmente en zonas rurales donde los cajeros automáticos no siempre funcionan. El té de coca es de venta libre en Bolivia y muy recomendable para la altitud, pero no debe llevarse al regreso: proviene de la misma planta que se usa para producir cocaína y está prohibido en la mayoría de los países. Las temperaturas en el altiplano pueden bajar considerablemente de noche, incluso en mayo, así que el equipaje debe incluir ropa de abrigo.
El viaje desde Buenos Aires cuenta con vuelos directos a La Paz y Santa Cruz de la Sierra. Con cinco días mínimos ya es posible combinar el salar, los Andes y algo de selva. Con más tiempo, la experiencia se multiplica.
























