Fotografía toscana.info
Forte dei Marmi, el pueblo de playa más sofisticado de Toscana, es el secreto de las familias adineradas italianas desde el siglo XIX. A primera vista parece un destino más: arena, sol y piscinas en hoteles de lujo. Pero aquí todo gira en torno a las bicicletas, el cashmere y una elegancia que no necesita gritar.
UN PUEBLITO DONDE LAS MUJERES ANDAN EN BICI CON TACOS
En Forte dei Marmi las calles se recorren en bicicleta de una sola velocidad, estacionadas sin orden en las aceras. Hay bicicletas con guardabarros especiales para evitar que se enganchen los vestidos largos. Las mujeres aquí andan en bicicleta con tacos, cashmere y sin apuro. El concierge del hotel lo dejó claro: «Esto es Forte dei Marmi. Las mujeres andan en bicicleta con tacos».
El ritmo lento del lugar viene de su origen como pueblo pesquero que luego se convirtió en puerto exportador del mármol de Carrara desde las canteras de los Alpes Apuanos. La fortaleza que da nombre al pueblo se construyó en 1788 para proteger los cargamentos de mármol. Pero fue recién a fines del siglo XIX cuando las grandes familias de Toscana empezaron a pasar temporadas de verano aquí, construyendo villas con enormes jardines entre las dunas y los pinares.

DONDE EL LUJO ANTIGUO SIGUE VIVO
Giorgio Armani tuvo casa aquí. Andrea Bocelli también. Rusos, ucranianos y nórdicos llegaron en las últimas décadas a invertir en propiedades. El lugar respira viejo dinero por los poros. Las playas se organizan en torno a los lidos —clubes de playa con historia desde los años 20— donde cada uno elige su tribu: los eternamente bronceados junto al agua; los famosos que no quieren ser molestados; los locales con tarifa municipal especial.
El Pensione America, un hotel de apenas 18 habitaciones solo para adultos, abre la puerta a esa Toscana que pocos conocen. Era una villa privada construida en 1899, tan desvencijada que su actual propietaria, Sara Maestrelli, la describe así: «Estaba totalmente ruinosa, sin piscina, llena de gatos». Hoy es un paraíso de azulejos esmeralda, palmeras banana y naranjos en macetas.
LOS DETALLES QUE CUENTAN QUIÉN ERES
En Forte dei Marmi los detalles importan. El mercado de la Piazza Marconi, dos veces por semana, es donde todos van por cashmere y cuero. Las canchas de tenis en la zona Roma Imperiale suenan todo el día con ese sonido particular: plock-plock. El restaurante del hotel sirve espagueti a las arselle —almejas locales con ajo, vino blanco y perejil— en una terraza bajo buganvillas mientras se toma un Vermentino mineral y crujiente.
Lo que hace único a Forte dei Marmi es que no intenta impresionar. Las villas viejas siguen donde estaban, las familias que las construyeron hace 150 años siguen viéndose aquí en verano, y los turistas que descubren el lugar se suben a sus bicicletas con toda la intención de quedarse.
























