Fotografía | Warner Bros
Una historia que se construye desde la arquitectura tanto como desde sus personajes. Dirigida por Emerald Fennell, esta nueva versión de Cumbres borrascosas traslada su intensidad al presente a través del espacio.
El drama no se limita al guión: se manifiesta en el paisaje, en los interiores y en cada decisión estética.

EL PAISAJE COMO ESTRUCTURA NARRATIVA
El Yorkshire Dales funciona como una verdadera estructura narrativa: abierto, áspero y cargado de tensión. No es fondo ni decoración; condiciona el ritmo, el ánimo y los vínculos.
Rodada entre Swaledale, Arkengarthdale y el pueblo de Low Row, la película abraza un territorio crudo que potencia el aislamiento y la intensidad emocional. La belleza surge de lo inhóspito, de lo contenido, de aquello que incomoda.
Puertas adentro, el trabajo de la diseñadora de producción Suzie Davies introduce un contrapunto clave.
Los interiores no replican el pasado: lo reinterpretan. Camas de gran presencia, candelabros artesanales, esculturas imponentes y paredes rosadas de tono orgánico conviven en espacios sobrios donde cada objeto pesa. Materiales y gestos contemporáneos actualizan el imaginario sin romper su esencia.

CUANDO LA ARQUITECTURA TAMBIÉN ACTÚA
En esta Cumbres Borrascosas, la arquitectura deja de ser escenario para convertirse en lenguaje. El espacio habla, condiciona y amplifica el conflicto. Emerald Fennell entiende que la intensidad no necesita exageración, sino estructura: muros, distancias y silencios que construyen emoción.
Una historia oscura y profundamente espacial. Como la buena arquitectura.

























