Fotografía | João Paulo Prado
En uno de los barrios más tradicionales de São Paulo, Pacaembu, la elección de una casa modernista para albergar la nueva Oficina Gondim Albuquerque Negreiros ADV refleja una visión estratégica y una clara madurez institucional. Con más de dos décadas de trayectoria en el ámbito legal brasileño, el estudio apuesta por un espacio que traduzca su identidad y su forma de trabajar.
Lejos de optar por un edificio corporativo convencional, la decisión de ocupar una vivienda responde a una lógica más cercana y humana: un entorno que prioriza la experiencia cotidiana, el vínculo con las personas y la historia del lugar.

Con aproximadamente 500 m² distribuidos en tres niveles, la casa fue intervenida con precisión, respetando su estructura original y reorganizando los espacios para adaptarlos al funcionamiento de un estudio en expansión. El proyecto estuvo a cargo de StudioVA Arquitetos, liderado por Vinicius Almeida, quien asumió el desafío de traducir los valores del estudio en arquitectura.
La apertura de esta oficina en São Paulo marca un paso clave en la consolidación nacional del estudio, cuya sede principal se encuentra en Río de Janeiro. La llegada a la capital paulista busca fortalecer vínculos con clientes e instituciones, en un espacio que represente la marca de manera auténtica.

De hecho, la elección de la ubicación no fue casual. En lugar de instalarse en zonas corporativas, el estudio eligió un entorno residencial, cercano a tribunales y centros administrativos, pero con una escala más tranquila y acogedora.
La adaptación del inmueble se desarrolló en dos etapas. Primero, se activaron los espacios esenciales para el funcionamiento inmediato. Luego, se incorporaron áreas de apoyo como cocina, comedor y espacios de descanso. Uno de los puntos clave fue la reorganización de la circulación, que pasó de un único recorrido a dos circuitos diferenciados: uno social y otro de servicio, mejorando la privacidad y el funcionamiento interno.

En planta baja se ubican la recepción, salas de reunión y espacios de apoyo. Un pequeño living de espera conecta directamente con las salas, permitiendo recibir a los clientes sin interferir en el área de trabajo.
La casa conserva dos escaleras —principal y de servicio— que refuerzan esta lógica de circulación. En el primer nivel se desarrolla el área operativa, con un gran espacio de trabajo abierto, salas de apoyo y vistas hacia el jardín lateral.

La vegetación existente fue incorporada como parte de la experiencia interior, generando una conexión constante con el exterior. Incluso un árbol se integra dentro del espacio, reforzando esta relación.

El último nivel alberga oficinas de dirección y salas de reuniones estratégicas, diseñadas para encuentros de alta complejidad, con control acústico y flexibilidad.
Uno de los aspectos centrales del proyecto fue trasladar la identidad visual del estudio al espacio. La paleta original —amarillo mostaza, negro y blanco— fue reinterpretada y combinada con materiales naturales como madera y tonos tierra, generando un ambiente cálido y sofisticado.
En la recepción, la letra “G” del logo se destaca en un mostrador lacado en amarillo mostaza, integrado a un mueble a medida que recorre el espacio en doble altura. Sobre él, una pieza escultórica contemporánea acompaña la bienvenida.

Se conservaron elementos originales como el piso damero de mármol en planta baja y el parquet de madera en los niveles superiores, reforzando la memoria arquitectónica del lugar.
El diseño de iluminación equilibra lo técnico con lo ambiental, generando distintas escenas según el uso de cada espacio. El mobiliario, seleccionado por su ergonomía y diseño, suma acentos de color que dialogan con la identidad del estudio.

Estrategias biofílicas atraviesan todo el proyecto: presencia de vegetación, luz natural y materiales que conectan con lo orgánico.
El proyecto también incorpora una dimensión simbólica. La sede fue nombrada Casa Esperança Garcia, en homenaje a la primera abogada reconocida de Brasil. Este gesto refuerza valores como la justicia, el compromiso social y el impacto cultural.

Obras de arte vinculadas a figuras clave en la lucha por los derechos humanos en Brasil completan el espacio, ampliando su dimensión representativa.
El resultado es un lugar de trabajo que combina eficiencia, identidad y bienestar. Un proyecto que demuestra que la arquitectura puede acompañar la evolución de una institución sin perder su esencia: cercana, humana y profundamente conectada con su contexto.


























