Fotografía | @themagarigawaclub
Ubicado en plena naturaleza y diseñado como un club ultra exclusivo, Magarigawa Club es el proyecto personal de un multimillonario japonés que invirtió 200 millones de dólares para crear su propio autódromo privado.
El trazado, diseñado por Hermann Tilke, uno de los arquitectos más influyentes del mundo del motorsport, tiene 3,5 kilómetros de extensión, 22 curvas y una recta principal de 800 metros, pensadas para disfrutar la conducción de alto rendimiento en un entorno controlado.
El acceso está limitado a miembros seleccionados, con una membresía anual de 230.000 dólares. ¿La motivación detrás del proyecto? “Que sus hijas pudieran conducir superautos en un espacio seguro”.

UN AUTÓDROMO ESCONDIDO ENTRE MONTAÑAS
Lejos del ruido urbano y de los circuitos tradicionales, Magarigawa Club se esconde entre colinas verdes, bosques densos y caminos sinuosos que ya anticipan la experiencia antes de llegar al asfalto. No hay carteles estridentes ni tribunas repletas: el proyecto está pensado como un refugio privado donde el automovilismo se vive con la lógica de un club de campo, pero elevado a una escala millonaria.
El recorrido aprovecha la topografía natural del terreno, generando desniveles constantes, curvas técnicas y vistas abiertas al paisaje. Cada tramo del circuito fue diseñado para ofrecer sensaciones distintas, desde sectores rápidos hasta zonas de máxima precisión, donde la conducción exige concentración absoluta. Acá no se corre contra el tiempo ni contra otros: se conduce por placer.
La ubicación, deliberadamente remota, refuerza la idea de exclusividad. Llegar al autódromo ya es parte del ritual. Y una vez adentro, todo está calculado para que la experiencia sea íntima, silenciosa y controlada.

LUJO, DISEÑO Y EXPERIENCIA CLUB
Más que un simple circuito, Magarigawa Club funciona como un complejo integral. El proyecto incluye un clubhouse de diseño contemporáneo con restaurantes de alto nivel, lounges privados, terrazas panorámicas y espacios pensados para descansar entre sesiones de manejo.
Los miembros cuentan con boxes personalizados, servicios técnicos premium y la posibilidad de guardar sus vehículos en instalaciones climatizadas. Superautos, deportivos de colección y modelos de edición limitada conviven en un entorno donde la estética es tan importante como la performance.
La arquitectura del conjunto acompaña el paisaje sin imponerse. Materiales nobles, líneas sobrias y una paleta cromática que dialoga con el entorno natural refuerzan la idea de lujo silencioso, lejos del exceso visual. Todo está pensado para quienes valoran la experiencia tanto como el objeto.

UNA VISIÓN PERSONAL QUE DESAFÍA LAS REGLAS
Lo que distingue a Magarigawa Club de otros desarrollos similares es su origen: no nace como un negocio inmobiliario ni como un proyecto turístico, sino como una decisión profundamente personal.
La idea de construir un autódromo privado para que sus hijas puedan conducir en condiciones seguras revela una visión poco convencional del lujo.
En lugar de yates o mansiones, el millonario detrás del proyecto eligió invertir en una experiencia: libertad, control y pasión por la conducción. Esa motivación inicial terminó dando forma a uno de los clubes automovilísticos más exclusivos del planeta, al que solo unos pocos pueden acceder.
En tiempos donde el lujo se redefine, Magarigawa Club propone otra narrativa: la de crear espacios únicos, diseñados a medida, donde el dinero no compra ostentación sino tiempo, seguridad y disfrute. Un autódromo privado que no busca espectadores, sino emociones.


























