Por | Juliana Camargo, Prumo projetos | Fotografía | Manuel Sá
Casa Flamboyant nace del diálogo con un territorio parcialmente ocupado. Implantada en un terreno de 3.000 m², la propuesta parte del reconocimiento de tres preexistencias marcantes: una vivienda de dos pisos en «L» ya construida, una piscina implantada y un gran flamboyán suelto en el terreno.
Estas condiciones no son tratadas como limitaciones, sino asumidas como elementos estructurantes del proyecto, orientando decisiones de implantación, volumetría y espacialidad.
Desde la concepción, arquitectura e interiores fueron pensados de forma indisoluble, operando como un único sistema capaz de articular espacio, materialidad, paisaje y experiencia. La nueva propiedad se organiza como un conjunto capaz de coser tiempos distintos, volúmenes claros y el entorno natural, atribuyendo nuevo significado al conjunto existente.

La edificación está compuesta por dos volúmenes principales, autónomos y claramente definidos. El primero alberga los espacios sociales: sala de estar, comedor y cocina integrados, concebidos como un ambiente continuo y fluido.
Este volumen se abre generosamente como una esquina hacia la amplia terraza de estar y hacia la piscina, reforzando la relación directa entre interior y exterior.
Grandes paneles de vidrio del piso al techo disuelven los límites físicos y visuales, permitiendo que el paisaje actúe como elemento constitutivo del espacio interno.

El segundo volumen concentra el programa íntimo, con tres suites implantadas de forma que garantizan privacidad, confort ambiental y vistas cualificadas hacia la vegetación existente.
Ambos volúmenes son ejecutados en estructura metálica suspendida, solución que permite la entrada de luz indirecta, favorece la ventilación y confiere ligereza al conjunto.
El techo de madera freijó recorre los ambientes como elemento continuo, proporcionando confort térmico y visual y reforzando la horizontalidad de la arquitectura.

La integración entre estos dos cuerpos se da a través de una extensa losa más baja, elemento horizontal que articula los volúmenes, define recorridos y establece una escala intermedia entre arquitectura y paisaje.
Bajo esta losa se configura un espacio de transición, protegido y permeable, que alberga usos cotidianos como la sala de TV y áreas de estar. Más que conexión, este plano actúa como espacio de permanencia, dónde interior y exterior se funden en una experiencia continua.
Al circundar el flamboyán existente, esta losa crea un ambiente externo especialmente acogedor. Bajo la copa del árbol, el espacio se transforma en una verdadera sala de estar al aire libre, naturalmente sombreada y protegida, fomentando la convivencia a lo largo del día.
En este punto, el jardín deja de ser un fondo y pasa a actuar como una extensión directa de la arquitectura, reforzando la relación sensible entre construcción, paisaje y clima.

Los interiores refuerzan y profundizan las estrategias arquitectónicas del proyecto. Pensados desde el inicio en conjunto con la arquitectura, no se presentan como una capa posterior, sino como parte constitutiva de la construcción espacial. La continuidad del techo de madera, la presencia de la estructura metálica aparente y la modulación de los vanos organizan el espacio interno, definiendo usos, recorridos y atmósferas.

La cocina integrada asume un papel central en el volumen social, funcionando como elemento de articulación entre los ambientes.
Además, la bancada de mármol Paraná dialoga con la estructura de la edificación, mientras que la carpintería en tonos de verde establece una relación directa con la vegetación externa, ampliando la sensación de continuidad visual entre interior y jardín.
La madera freijó, presente en los techos, mobiliarios fijos y carpintería, introduce calor y acogimiento, equilibrando la robustez de los materiales y cualificando la experiencia cotidiana.

El color surge como elemento arquitectónico a lo largo del proyecto. Tonalidades de verde actúan como análogos del entorno natural, mientras que el portal de entrada en chapa metálica amarilla y los planos internos coloridos funcionan como hitos espaciales y visuales, orientando recorridos y confiriendo identidad al conjunto. Más que recurso estético, el color participa activamente en la construcción del espacio.
En la fachada orientada hacia la calle, el ladrillo quemado define un plano continuo y sólido, estableciendo la materialidad predominante de la casa y garantizando mayor privacidad. En contrapunto, las fachadas internas se caracterizan por la transparencia de los grandes planos de vidrio, que permiten controlar la luz natural y establecer una relación directa con el entorno verde.

Casa Flamboyant se construye, así, como una operación de reconciliación entre lo nuevo y lo existente. En los intervalos entre volúmenes, en los espacios de transición y en la integración entre arquitectura, interiores y paisaje, el proyecto propone una forma de habitar clara, sensible y duradera, donde el espacio es definido menos por límites y más por las relaciones que establece.
FICHA TÉCNICA
Arquitectura: Juliana Camargo, Prumo projetos.
Ubicación: São Paulo, Brasil.
Año: 2025.
Área: 450 metros cuadrados.
Fotografía: Manuel Sá.


























