Algunos como Frank Lloyd Wright, Da Vinci o Buckminster Fuller tenían problemas para conciliar el sueño. Todos ellos eran durmientes polifásicos: en vez de dormir durante la noche, tomaban siestas cortas cada cuatro o cinco horas.
Alvar Aalto, por su parte, tenía una gran afinidad hacia el alcohol. Según el, la creación en arquitectura no se llevaba bien con los entornos cerrados y estructurados que proponen las oficinas, por lo que las borracheras en su estudio eran algo normal que ayudaban a su creatividad.
Los profesionales de la firma noruega Snøhetta tienen un extraño rito: una vez al año escalan la montaña que lleva el mismo nombre de su empresa. Esta montaña que sirvió de inspiración, está habitada por dioses nórdicos, según el mito popular. Según sus fundadores, solían ir por el bien de la escalada, aunque ahora utilizan el tiempo de caminata para hablar de objetivos, metas y soluciones.
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El arquitecto estadounidense de origen chino I.M. Pei considera que las mejores ideas de su carrera no han salido de proyecciones en papel. Su técnica de creación consiste en recostarse en la cama, con las luces apagadas y que las ideas broten como si fuesen sueños. Luego, las vuelca a un papel, aunque si no le conforman, vuelve a recostarse para seguir creando.
Finalmente está el caso de Denise Scott Brown, quien considera que su momento de mayor gozo en la arquitectura no es durante el diseño ni durante la construcción de sus obras, sino que lo que mas le gusta es observar a la gente utilizando y habitando sus edificios. Se dice que en 2001, un grupo de 30 estudiantes la miraban sorprendidos y no entendían porque una señora que no conocían los observaba y sonreía amablemente.
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